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VOLUMEN I/ NÚMERO 1/ AÑO 1/ ISSN 977245257580/ PÁGINAS 46-53/ RECIBIDO: 15-02-2020/ APROBADO: 26-04-2020/ www.revpropulsion.cl
Los Deberes de la Educación: entre la nueva barbarie y la emancipación
de sus nes económicos que supuestamente llevarían a la satisfacción de las necesidades de
sus miembros. Empero, Marcuse indica que: « […] la mejor satisfacción de las necesidades es
ciertamente el contenido y el n de toda liberación, pero al progresar hacia este n, la misma
libertad debe llegar a ser una necesidad instintiva y en cuanto tal, debe mediatizar las demás
necesidades, tanto las necesidades mediatizadas como las necesidades inmediatas» (Ibíd, p.
8).
Es preciso, aquí puntualizar los términos de la necesidad instintiva y la represión instintiva
desde la perspectiva en que Marcuse los aborda en su obra Eros y Civilización (2010),
donde contrarresta el planteamiento pesimista de la imposibilidad de la felicidad de los
individuos expresado por Sigmund Freud en su obra El malestar en la cultura (2007), con un
planteamiento en el que una civilización no basada en la represión de los instintos es posible.
La condición del hombre como ser cultural, lleva a Freud a analizar más allá de las diferencias
históricas, las divergencias culturales y la variedad de hechos de civilización. El choque entre
el deseo natural y la cultura civilizadora, revela la condición humana y determina al hombre
como ser social, que sólo llega a ser hombre porque su instinto biológico es sometido a la
disciplina de la cultura.
El modelo de la cultura se establece en nosotros, y esta condición de la ruptura de lo
natural biológico y el orden preestablecido, es lo que deniría el lugar de la educación. En
esta línea de análisis, la educación se revela como la acción represiva que permite el paso
del placer a la realidad, del deseo primitivo al deseo culturalmente socializado, integrado en
un sistema interhumano completamente regulado. Para que el individuo aparezca como
capaz de vivir en una comunidad, la prohibición deberá constituir la esencia de la acción
cultural socializante, ya que ésta comienza impidiendo que ciertas tendencias impulsivas
espontáneas e inmediatas se expresen libremente, y es así como surge la función represiva
de la educación como algo fundamental para lograr la unidad del todo social, factor que
difícilmente podría ser suprimido. Sin embargo, esto inminentemente nos llevaría a la
evocación de doctrinas educativas totalitarias, y a la renuncia de la inmediatez del placer
instintivo, para ser sustituido por la obediencia a la realidad, donde como moneda de
cambio se instituiría el deseo por la norma, llevando al principio del placer y al de la realidad
a terrenos radicalmente opuestos e inconciliables. Así, señala Marcuse, el individuo: «Llega a
ser un sujeto consiente, pensante, engranado a una racionalidad que le es impuesta desde
afuera» (2010, p. 29). La educación bajo este contexto llegaría a convertirse en un conjunto de
técnicas, procedimientos, métodos y contenidos pedagógicos, asegurando esta sustitución
e implicando un sufrimiento correctivo, que habrá simplemente que vigilar para que no
degenerara en un estado mórbido.
Freud dene el principio del placer como la medida primordial que gobierna y regula,
en general, las acciones, sentimientos y pensamientos del individuo hacia la búsqueda de lo
placentero y la evitación de lo desagradable. Los hombres, « […] aspiran a la felicidad, quieren
llegar a ser felices, no quieren dejar de serlo. Esta aspiración tiene dos fases: un n positivo
y otro negativo; por un lado, evitar el dolor y el displacer; por el otro, experimentar intensas
sensaciones placenteras» (Freud, 2007, p. 23). Sin embargo, el principio del placer no puede
constituir un n en sí mismo, porque aún si el principio del placer explica adecuadamente
los movimientos humanos, su nalidad última, la de una felicidad perfecta, innita y eterna,
sigue siendo irrealizable como un estado nal al que se pueda llegar, por ello, únicamente
como un proceso, en el cual la satisfacción se da como un momento fugaz, nos es dable
proponerlo.