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VOLUMEN VI/ NÚMERO 2/ AÑO 3/ ISSN 977245257580/ PÁGINAS 63-82/ RECIBIDO: 29-07-2022/ APROBADO: 20-12-2022/ www.revpropulsion.cl
Revista ProPulsión. Interdisciplina en Ciencias Sociales y Humanidades
Susu, (Tirro, 2001: 26) Akan, Igbo, Fanti, Bantúes, Fulani, Ashanti, Wolof, Malinke, Bakongo
y Baulé, que al momento de ser llevados a tierras ajenas y completamente desconocidas,
conservaron parte de sus tradiciones. Dentro de las cuales, las más comunes fueron la música
y el baile. Se realizaban en comunidades, y algunas de manera individual (Southern, 2001: 16).
De estos pueblos cabe considerar a los del norte del continente que no solo produjeron
su propia cultura, sino que se adecuaron a la inuencia árabe. Esta cualidad dio una
particularidad a la música. Incluso generó una distinción en América, es decir, en el norte
propiciaron lo que llegó a denominarse jazz afroamericano. En el sur, jazz latino. Nunca
dejaron de estar en contacto y su vinculación siguió siendo constante. La invasión árabe-
musulmana de Europa y el norte de África en el siglo VII transformaron las prácticas culturales
en los territorios ocupados (Delannoy, 2003: 28). El desplazamiento y la conquista de estos
sobre Europa, marcó la música de Francia, Portugal y España. La inuencia árabe y africana
imprimió ciertos ritmos en la música en una parte de Europa.
Esa inuencia se manifestó en la tradición del griot. Las comunidades africanas tomaron
esa tradición (oral) de forma distinta, que también se manifestaron semejanzas. El cantor
cantaba las oraciones de Dios, que remitía a la lectura del Corán. Una actividad también
reproducida en la región del sub-Sahara (Chamorro, 1993: 219). Dicha cualidad se exportó
a las tierras de América que se conservó durante el periodo de esclavitud y con el tiempo
se transformó. La esclavitud fue la causa del desplazamiento que llevó a la innovación de
nuevas interpretaciones musicales. Se relacionó con una de las expresiones del músico
afroamericano: el blues.1 Los cantos del griot, se vincularon directamente con la música
afroamericana como el gospel, por citar otro caso.
El imperio español trasladó a ciento cincuenta mil esclavos a Sevilla quienes luego se
incorporaron de manera forzada a la vida cultural y económica. Protegieron una parte de sus
prácticas musicales hasta su traslado al Nuevo Mundo, manteniéndolas en la memoria hasta
su transformación en el nuevo entorno. Siguieron una tradición catolizada, inuenciados
por sus secuestradores. Estos grupos en América, que luego serían llamados afroantillanos,
dieron lugar a lo que hoy se conoce como jazz latino, que se distinguió por seguir en sus
interpretaciones un tiempo lineal, un canto silábico, uso de la clave rítmica, tonos jos y
ciclo de dos acordes repetitivos (Sublette, 2021: 2). A ellos los colonizadores españoles
les impusieron también una serie de restricciones y prohibiciones. No se dieron grandes
diferencias con los del norte. España llevó un porcentaje de esclavos hacia los puertos de lo
que hoy se conoce como Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico, Colombia, Venezuela, México
y Panamá.
Los esclavos de África occidental que trasladaron a América del Norte desarrollaron sus
interpretaciones con el uso del tiempo de swing, canto melismático, modo rítmico, notas
del blue moduladas o reexivas y cambio de los acordes de la estructura del tema en el que
se incluye el blues de doce compases. Los esclavos de los dos imperios llegaron a compartir
rutas comunes. Independientemente de quienes fueron sus secuestradores, con el tiempo
los africanos o sus descendientes se concentraron en el Caribe, particularmente en Nueva
1 En su estudio Samuel Charters cita un párrafo de una entrevista a un intérprete afroamericano que resulta
importante destacar: «la gente me sigue preguntando donde surgió el blues, y todo lo que puedo decir es que,
cuando yo era un muchacho, siempre estábamos cantando en los campos. En realidad, no cantábamos, ya sabes,
gritábamos, pero inventábamos nuestras canciones sobre cosas que nos estaban sucediendo en aquel momento,
y creo que es ahí donde empezó el blues» (p. 13).