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Historia de las Ideas de Filosofía Mexicana y
Nuestroamericana
History of the Ideas of Mexican and Our American Philosophy
MARIO MAGALLÓN ANAYA
Universidad Nacional Autónoma de México , Distrito Federal, México (mariom@unam.mx)
(https://orcid.org/0000-0002-3218-8998)
RESUMEN
Al analizar la historia y la historiografía de más tres siglos, en la historia
de las ideas (losócas) de nuestra América es posible identicar
en sus orígenes la conguración cultural dominante hispánica, la
práctica del poder y dominio de los súbditos americanos por parte
del Rey español, a través del virrey en turno de la época colonial,
ideas históricamente situadas, de autores y los productos, mezcladas
con las demandas de la nueva realidad, las cuales serán puestas
frente a frente, por ejemplo: las ideas modernas de progreso y
retroceso, republicanismo, liberalismo, libertad, justicia, igualdad y
equidad, hasta lograr orientar el camino comprensivo y explicativo
de un siglo XIX de éxitos, fracasos históricos, políticos, sociales y
de reconguraciones de mundos posibles; y en el inicio del XX de
grandes transformaciones en los ámbitos de la vida social, política,
económica y cultural.
ABSTRACT
By analyzing the history and historiography of more than three
centuries, in the history of ideas (philosophical) of our America, it
is possible to identify in its origins the dominant Hispanic cultural
conguration, the practice of power and domination of the
American subjects by the King Spanish, through the viceroy in
turn of the colonial era, historically situated ideas, of authors and
products, mixed with the demands of the new reality, which will
be put face to face, for example: modern ideas of progress and
regression , republicanism, liberalism, freedom, justice, equality and
equity, until managing to guide the comprehensive and explanatory
path of a XIX century of successes, historical, political, social failures
and recongurations of possible worlds; and at the beginning of the
VOLUMEN VII/ NÚMERO 1/ AÑO 4/ ISSN 977245257580
PÁGINAS 87-106/ RECIBIDO: 08-09-2022/ APROBADO: 30-04-2023
DOI: https://doi.org/10.53645/revprop.v7i1.114
www.revpropulsion.cl
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Historia de las Ideas de Filosofía Mexicana y Nuestroamericana
20th century of great transformations in the spheres of social, political, economic
and cultural life.
PALABRAS CLAVE / KEYWORDS
Historiografía, Filosofía, nuestra América, Siglo XIX, Historia. / Historiography,
Philosophy, our America, XIX century, History
INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LAS IDEAS
En la historia de las ideas (losócas) de nuestra América es posible identicar en sus
orígenes la conguración cultural dominante hispánica, la práctica del poder y dominio de
los súbditos americanos por parte del Rey español, a través del virrey en turno de la época
colonial. Las instituciones coloniales, como “aparatos ideológicos” de dominación del Estado
español como: la Iglesia, las Universidades, las Órdenes religiosas, etc. En los gobiernos
virreinales se constituyeron en formas práctico-operativas, doctrinales y losócas de control
político, social, económico y cultural en la realidad intercontextual de la historicidad de
la época, para constituirse en función relevante en la vida cotidiana de los virreinatos y
capitanías en la Hispanoamérica de la época colonial.
Puede decirse que en el siglo XVI y XVII se implantan las formas de dominación y poder
sobre los habitantes indígenas, los dueños originarios de estas tierras y los africanos traídos
como esclavos al continente americano.
Sin embargo, vale decir que
Esta dominación de España sobre los pueblos indígenas preexistentes tuvo un
alto grado de inventiva política. Posiblemente por primera vez en la historia, una
potencia dominadora decidió que no debía disolver ni humillar a la organización
social y cultural preexistente, sino que debía incorporarla como parte de un gran
imperio con sede en Europa. El reino español inventó una forma de colonizar
que fue seguida, un siglo después, por Inglaterra, Francia y Holanda, que en esa
época eran las otras grandes potencias colonizadoras europeas. Esa estrategia de
dominación consistía, en primer lugar, en reconocer una aristocracia local con todas
las prerrogativas, incluidos los títulos nobiliarios. En segundo lugar, en establecer
un gobierno local subordinado a España. Es decir, España inventa lo que podemos
llamar “el régimen colonial moderno,” que se desmorona denitivamente en el siglo
XIX, pero que predominó y conformó una pauta organizativa que apareció en todos
los continentes a lo largo de tres siglos de historia1.
1  Sergio Bagú, La identidad continental, México, Universidad de la Ciudad de México, 2003. p. 19. En Sergio Bagú,
La identidad Continental; y Héctor Días Polanco, Indigenismo y diversidad culturl, México, Universidad de la Ciudad
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Así, en el período del siglo XVIII las ideas, las concepciones de la realidad y del mundo
prepararon la conformación ideológico y política de las ideas de la Independencia y
la liberación de nuestra América en el XIX, las cuales darán origen a demandas sociales,
políticas, económicas, losócas y culturales que buscan respuestas teórico-formales,
conceptuales, a través de la construcción y la reconstrucción categorial sobre las prácticas
de la realidad y la vida cotidiana; para constituir marcos teórico-epistémicos, hermenéuticos,
analíticos, conceptuales, interpretativos y explicativos, por los que se buscan expresar los
grandes problemas posindependentistas, reformistas, que se extienden hasta los inicios del
XX con la primera revolución mundial del siglo XX: la Revolución Mexicana (1910).
Puede observarse que la diferenciación étnica y las grandes corporaciones políticas y
sociales jugaron un papel destacado sobre el control por las oligarquías criollas nacientes,
que, aunque débiles y heterogéneas empezaban a recongura una nueva forma de control
y dominio de los indígenas, los negros, los mestizos y las castas en el México colonial, puede
decirse que, del resto del continente americano, donde empiezan a tomar presencia del
poder en el escenario nuestroamericano.
Ya en el nal del siglo XVIII se presentará la guerra por la búsqueda de espacio
y reconocimiento histórico-social, de identidad y de sentido dentro de la
organización estamental de las colonias españolas hispanoamericanas. Es
mediante la lucha diferencial y diferenciada de la construcción entitaria y óntica
que se busca emancipar a la comunidad humana integrada por las comunidades
(indígena, negra, mestiza, mulata, criolla). Desde la conuencia de lo europeo y de
lo hispanoamericano diverso se reclaman derechos y libertades ninguneados, por
casi tres siglos, por la cultura de dominación europea2.
Es posible encontrar, al analizar la historia y la historiografía de más tres siglos, ideas
históricamente situadas, de autores y los productos, mezcladas con las demandas de la
nueva realidad, las cuales serán puestas frente a frente, por ejemplo: las ideas modernas
de progreso y retroceso, republicanismo, liberalismo, libertad, justicia, igualdad y equidad,
hasta lograr orientar el camino comprensivo y explicativo de un siglo XIX de éxitos, fracasos
históricos, políticos, sociales y de reconguraciones de mundos posibles; y en el inicio del XX
de grandes transformaciones en los ámbitos de la vida social, política, económica y cultural.
Nuestra América entra a la modernidad europea con el signo del dominio, la dependencia,
el latrocinio y el despojo; la negación de las capacidades para decidir el propio destino
histórico y de gobierno.
En todo ello, se hace presente e introducen ideas de la sensibilidad romántica y poética
a través de la intuición y la razón, la racionalidad, la religiosidad, la política, el liberalismo, la
patria y la nación; el nacionalismo, el republicanismo, el positivismo, el anarquismo liberal
y socialista, el espiritualismo; donde la subjetividad creativa se coloca, en muchos sentidos,
como parte constituyente de la razón y de la objetividad/subjetividad; destaca, especialmente,
en las concepciones del mundo, en las formas culturas: la simbólica, la iconografía, la
de México, UCM, 2003.
2  Mario Magallón Anaya, Filosofía Política Mexicana en la Independencia y la Revolución, México, Ediciones
Quivira, 2013, p. 28.
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literatura, la pintura, la losofía, las humanidades y las ciencias en general, a lo que se suma
la objetividad cientíca racionalista; para conformar una concepción de la razón en la unidad
de la diversidad y la diferencia, en la que se conjunta objetividad/subjetividad como un todo
para comprender, analizar e interpretar las ideas, los pensamientos, la eticidad, la estética, la
política, la historia, las ciencias y la técnica.
Es por este motivo que el historiador, en sus muy variadas y diversas expresiones de
investigación, no puede empeñarse en imponer a la realidad histórica uniformidades en la
expresión poética, el pensamiento, estilos de vida; sino, más bien, tiene que estar predispuesto
a aplicar, con cierta docilidad, la lógica consecuencia de los hechos, de los aconteceres, de
la explicación conceptual, lógica y formal en la practicidad de los múltiples campos del
conocimiento histórico y político. Esto es la construcción de una modernidad alternativa
radical nuestroamericana que cuestiona las formas de ser y pensar de las prácticas imperiales
de los conquistadores y los dominadores y las relaciones de poder con los dominados.
Ante las adversidades del pasado, presente y futuro como entes-seres históricamente
situados, en una modernidad opresiva, excluyente, misógina, racista y depredadora
del ser humano, fundada en una falsa paz, en el control y dominio del poder por los
conquistadores y dominadores. Por esto mismo, era necesario defender nuestro
derecho a la libertad, a la justicia y a la equidad; a recuperar del pasado lo positivo y
lo negativo, asimilándolo, pero sin afán consciente de autocolonización intelectual,
ni de síntesis y superación progresiva, porque ésta no necesariamente se da en los
procesos históricos, sociales, políticos, losócos y culturales; por ello requieren
ser mirados desde la dialéctica y dialógica procesual e histórica.
La situación histórica y social actual de la hipotética posmodernidad decadente occidental
aún, fuertemente dominante en las conciencias poscoloniales nuestroamericanas, las que
buscan imponer de forma reiterativa e insistente el pensamiento losóco neoimperial
colonialista, que cancela toda posibilidad de liberación de las naciones que fueron
conquistadas y dominadas; donde el neocapitalismo, el neoliberalismo, a pesar de sus
inconsistencias teóricas y epistémicas, continúan dominando en las conciencias globalizadas.
Ante este horizonte histórico, losóco, político y económico de sentido, el
problema del ente, del ser y de la cosa, no es nada fácil de explicar y redenir,
sino sumamente complicado, porque es necesario aclarar y redenir conceptos,
categorías, contradicciones, oposiciones y dicultades; reexionar sobre como
podrán los marginados, los explotados y los miserables realizar una pedagogía
política social-comunitaria de la educación que vaya más allá de las formas de
domino y de opresión en la unidad contradictoria del Estado global, sobre todo
cuando temen a la libertad, concebida como un ejercicio ético, político responsable
y solidario con nosotros y los otros.3
3  Mario Magallón Anaya, Filosofía Política Mexicana en la Independencia y la Revolución, México, Ediciones
Quivira, 2013. p. 45.
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En nuestro entender, es la razón analógica semántica y simbólica de la praxis, la que hace
y rehace las cosas dialéctica y dialógicamente y permite denir, desde el punto de partida
óntico-fenoménico de las epistemes, la dialéctica de los hechos o, más bien, de la practicidad
de la experiencia, desde una construcción lógico-dialéctica concebida como praxis, porque
ésta es “el acto conjunto o conjunto de actos en virtud de los cuales el sujeto activo modica
una materia prima dada.”4
La praxis ha de ser entendida como acto reexivo que realizan personas conscientes y
libres con una intencionalidad dialéctica, política y práctica. Por ello, en la actividad práctica
reexiva del sujeto, lo determinante es el resultado de la acción que se lleva a cabo cuando
lo subjetivo y lo objetivo se objetivan en la unidad objetiva de la razón, síntesis dialéctica de
la teoría epistémica y la practicidad de los hechos fenomenológicos.
Así, tenemos una praxis fenoménicamente intencional que se sitúa frente a la historia,
concebida como proceso práctico de los sujetos sociales. La historia demuestra que las praxis
individuales se integran a una praxis común colectiva. Allí donde “la praxis social, colectiva,
al combinar toda la diversidad de actos individuales, lo que ha tenido como resultado la
aparición de un nuevo modo de producción:”5 material, social, económico, intelectual,
losóco, político, jurídico, cultural e ideológico.
Es necesario señalar que a través de la historia se encuentra que en toda relación social
se dan relaciones de poder entre los sujetos individuales y sociales, porque éstas penetran
los cuerpos, los campos teóricos, epistemológicos, ontológicos, políticos, sociales, jurídicos,
de derecho y culturales. Es decir, el poder está en todas partes donde se realiza la actividad
y las acciones humanas, allí donde saber y poder están unidos y se refuerzan mutuamente.
Existe una administración del saber, una política del saber, relaciones de poder
que pasan a través del saber y que inmediatamente si se las quiere describir os
reenvían a estas formas de dominación a las que se reeren nociones tales como
campo, posición, región, territorio. El término político-estratégico indica como lo
militar y lo administrativo se inscriben efectivamente y sea sobre un suelo, ya sea
en forma de discurso. Quien no plantease el análisis de los discursos más que en
términos de continuidad temporal se vería necesariamente avocado a analizarlos
y a considerarlos como la transformación interna de una conciencia individual.
Construirá así una gran conciencia colectiva dentro de la cual ocurrirían las cosas6.
En la historiografía de la historia en general, de las ideas, de la losofía, de las mentalidades
e intelectuales se da una relación entre saber y poder. Ante esto cabe advertir que la lógica,
en el sentido que deseamos proponer, no se reduce a la generalización ni a la identicación
formal, sino más bien, y especialmente, a la lógica de individuación, de identicación y
diferencia en la totalidad de las relaciones humanas.
La lógica de la historiografía debe ser, por tanto, la de la diferenciación hasta la
4  Adolfo Sánchez Vázquez, Filosofía de la praxis, México, Siglo XXI, 2003, p.
5  Ibid, p. 405.
6  Michel Foucault, Microfísica del poder, España, Ediciones la Piqueta, 1980. p. 117
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individuación. Lo que importa historiográcamente son justo las diferencias entre
griegos y aztecas –o las características de nuestra idea del mundo que la diferencian
de las ideas ajenas de él, e incluso las características diferenciales de las distintas
ideas parciales de nuestra idea total7.
Lo cual se concreta y expresa cuando se analiza, por ejemplo, en el siglo XVIII las ideas y la
demanda por parte de los criollos derechos y libertades iguales que los de los peninsulares;
los que, fundados en el derecho natural, derecho teológico y el juspositivismo reclaman
igualdad, equidad y justicia en el tratamiento y reconocimiento de derechos y de obligaciones
en relación analógica del justo medio del ejercicio del poder y del derecho.
Esto es, son relaciones espaciales históricas y sociales, que se conforma en la raíz
patriótica de origen, de los nacidos en la América Española, hasta llegar, coincidentemente,
a la imaginaria “construcción romántica” de la sensibilidad, de la subjetividad de la patria, la
nación, el ser humano y el humanismo en la historicidad del hacer y quehacer colonial; ello se
amplía en el XIX para buscar la construcción y conformación posindependentistas del Estado,
de la etnia (nación), de la República, de la sociedad, del gobierno civil, de la ciudadanía,
de la comunidad, del liberalismo, del positivismo y del espiritualismo decimonónico, de la
república y la democracia8.
Leopoldo Zea ha señalado al respecto, que
Al surgir el siglo XIX, las mentes iberoamericanas han tomado conciencia de su
realidad: el iberoamericano, sin descuidar la salvación de su alma, se dispone
a conocer el mundo que le ha tocado en suerte. Y al contacto con éste se da
cuenta de que no es inferior a ningún otro. Este mundo suyo se le presenta lleno
de posibilidades en todos los sentidos. América se le presenta como un mundo
que, siendo distinto por sus orígenes, no es inferior a otros. Precisamente por ser
distinto, era menester tomar en cuenta sus propias necesidades. No era posible que
un gobierno situado en el otro lado del mar pudiese atender estas necesidades9.
Ello implica la necesidad de hablar de sistemas losócos e historia de las ideas desde
un marco históricamente situado, tanto en y desde Europa o, para el caso que nos ocupa:
nuestra América, es decir, desde el lugar en que se construye el pensamiento losóco y
las ideas de México, del resto de los demás países nuestroamericanas, inclusive del mundo;
de pensadorxs y lósofxs óntica e históricamente situadxs. Y, para concretar de la situación
que nos ocupa: reexionar sobre las ideas coloniales, liberales, republicanas, positivistas,
neotomistas, espiritualistas, anarquistas, socialistas, marxista, en México y en nuestra América
consideradas desde nuestro horizonte losóco como tema medular que preocupa y ha
preocupado a lxs mexicanxs y a lxs latinoamericanxs o nuestroamericanxs del siglo XIX, XX y,
más persistentemente, en los inicios del XXI hasta la actualidad.
7  José Gaos, XV- Historia de nuestra idea del mundo, en Obras completas; México, UNAM, 1994, p. 27.
8  Cfr. Mario Magallón Anaya, Filosofía, tradición, cultura y modernidad desde América Latina, Culiacán Sinaloa,
México, Universidad Autónoma de Sinaloa, 2007.
9  Leopoldo Zea, Esquema para una historia de las ideas en Iberoamérica, Mexico, Facultad de Filosofía y Letras/
UNAM, 1956, p. 14.
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En ello se destaca la preocupación por establecer el realismo social, político, económico,
losóco e intelectual: mexicano y nuestroamericano, como de explicar y construir conceptos
y categorías losócas referidas a la historia de las ideas de los diversos campos ontológicos,
epistemológicos, culturales y de derechos. Es importante señalar la necesidad de construir
criterios historiográcos para cimentar una heurística y un mapa conceptual por campos de
conocimiento sobre la historia de las ideas losócas de nuestra América; en este ángulo
nuestroamericano inciden escuelas, corrientes, tradiciones losócas, políticas, sociales y
culturales; como formas de representación, imaginarios sociales y fantasías ideológicas.
La historia de las ideas losócas requiere del análisis e interpretación de las ideas y de las
losofemas que vayan más allá de cualquier inmanentismo, para poner como condicionante
imprescindible de éstas, la marcha del devenir histórico y social del ser humano y de las ideas
en el tiempo; de la existencia, de la vida, a partir de una praxis poética reexiva, imaginativa
y creativa de las ideas conceptuales y dialécticamente asumidas.
La conciencia histórica y social se encuentre enmarcada dentro de realidades
espaciotemporales para rermar, que el devenir del espíritu humano se encuentra
condicionado por la realidad, donde lo extralógico, lo extraintelectual de la subjetividad
cotidiana adquieren una signicación fundamental orientadora de la historia y de la losofía
entre nosotros o de cualquier otro ser humano históricamente situado y en situación.
Ello pone en cuestión la supuesta autonomía y la pureza de la razón, la que se altera al
confrontarla con la practicidad y las múltiples determinaciones de la realidad sociohistórica,
la cual deviene dialéctica e históricamente, lo que sólo es aprehensible a través de la historia
de las ideas en la temporalidad espacial, como construcciones y marcos conceptuales en el
contexto de la realidad intercontextual circundante.
Nuestra América, de la colonia hasta la actualidad es un espacio histórico, social, político,
cultural e ideológico que reconstruye y reinterpreta otra forma de entender el mundo y la
realidad, allí donde el texto y el contexto histórico-social, político, losóco, jurídico, literario,
cientíco y tecnológico orientan los modos de explicar y de reinterpretar el mundo hispano
e iberoamericano; de una modernidad alternativa y radical, que en muchos sentidos es una
opción no exclusiva y pero tampoco absolutamente dependiente, de la dominante imperial
occidental, sino en relación abierta de relaciones e intercambios en libertad; la que desde la
época colonial, hasta le actualidad, ha dominado y donde algunos lósofxs e intelectuales
nuestroamericanxs se obstinan, impertinentemente, por repetir acríticamente, como si se
pudieran repetir experiencias ajenas sobre las propias.
Insistiría con el maestro Leopoldo Zea, que la losofía de la historia, la historia de las ideas
de nuestra América, se diferencian de las formas coloniales de raíz occidental europea; esto
implica tomar conciencia de que nuestra historia de las ideas; la historia y la historiografía en
general nuestroamericana surgen de la situación de marginalidad y dominio por parte de los
países conquistadores e imperiales hasta hoy.
Esto es ni más ni menos, que relaciones de poder, dominio y control ideológico, político,
social, jurídico y económico en la historia de ideas, del pensamiento y de las mentalidades,
en general.
La historia de las ideas en Latinoamérica es diversa de la historia de las ideas
europeas. La historia de las ideas de la losofía europea u occidental se vuelve sobre
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sí misma, investigando su evolución, y la relación que la misma tenga con la realidad
en que esa historia se ha realizado; o bien tratando de apresar la lógica que ha dado
origen a estas ideas, así como su desarrollo en su plano atemporal. No sucede
lo mismo con la historia de las ideas losócas de la América Latina preocupada
por conocer el cómo y el para qué han sido utilizadas unas determinadas ideas,
supuestamente ajenas a su propio contexto histórico y realidad. […] Un esfuerzo
aclaratorio, que ha dado lugar, sin habérselo en principio propuesto, a expresiones
que ya se pueden considerar propias, no solo del pensamiento, sino de la losofía
latinoamericana. […] Filosofía, no de las propias losofemas adoptados, sino de
espíritu o sentido que originaron otra adopción. Sentido que lo es ya de la realidad
propia de esta América, expreso en las motivaciones que han dado origen a la
historia de las ideas en Latinoamérica.10
Es un ir más allá de las concepciones losócas sobre las formas de hacer losofía, historia
de las ideas, losofía de la historia, losofía política, antropología política, ética, etc.; es el
losofar históricamente situado como interpelación a la losofía dominante imperial; donde
juega un papel importante la lengua, las formas de habla, el lenguaje como estructura
gramatical de reglas y principios de la utopía, los sueños, la historicidad, de la realidad de
nuestra América; de los losofemas y los marcos teóricos conceptuales, como aprehensión
dialéctica fenoménica de la onticidad del ser, del ente-ser, de su hacer y quehacer; de las
formas expresivas históricamente situadas en la realidad mexicana, argentina, peruana,
salvadoreña, brasileña, chilena, colombiana, inglesa, italiana, francesa, china, etc., pero,
especialmente, de xico, de nuestra América toda, e inclusive, del mundo. Es una reexión
losóca, sobre el todo socialmente humano desde la historicidad concreta y de nuestro
pensar losóco.
Abelardo Villegas ha señalado al respecto,
Esto de cernirse la losofía sobre lo concreto no es solo una manera de hablar: la
losofía europea, desde la publicación del sistema de Hegel, ha procurado descender
desde esas abstracciones metafísicas cuyo clímax se dio en el mencionado sistema,
hasta una elucidación sobre los aspectos más concretos de la existencia humana.
El existencialismo de Heidegger y Sartre incluso pretende ser una losofía de la
vida cotidiana en sus aspectos más banales. Pero todavía esta losofía por su
instrumental fenomenológico, por sus resultados ontológicos, resulta demasiado
abstracta; entonces se han buscado soluciones aún más concretas y con este
propósito el propio Sartre ha derivado hasta la expresión literaria de sus ideas.
Más la corriente de pensamiento hispánico, con Ortega a la cabeza, se volvió hacia
la historia y entonces se comenzó a hacer losofía de España, losofía en México,
losofía de América, en suma.11
Sin embargo, ¿cómo es posible conciliar historia con losofía? ¿Qué acaso esto no tiene el
peligro constante de caer en el relativismo, en el personalismo, en el subjetivismo, inclusive
10  Leopoldo Zea, Filosofía de la historia americana, México, FCE/Tierra Firme, 1978. pp. 15-16-17.
11  Abelardo Villegas, La losofía de lo mexicano, México, FCE, 1960, p. 12.
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en un escepticismo? Estas preguntas implican trascender lo meramente circunstancial, el
relativismo, en donde se corre el riesgo -cuando nos introducimos en estos problemas de
la historia y de la losofía-, de no prever sus consecuencias y hundirse en la subjetividad y el
relativismo. Empero, la historia es una construcción material y formal, metafísica y ontológica
de lo sido, de lo que ya no puede cambiarse, pero sí interpretarse y explicarse.
Si queremos llegar a comprender el mundo frecuentemente violento en que vivimos
[…], no podemos connar nuestra atención a las grandes fuerzas impersonales,
naturales o hechas por el hombre, que actúan sobre nosotros. Las metas y lo
motivos que guían la acción humana deben contemplarse a la luz de todo lo que
sabemos y comprendemos; sus raíces y crecimiento, su esencia y, ante todo, su
validez, deben ser examinados críticamente con todos los recursos intelectuales
de que disponemos. Esta apremiante necesidad, aparte del valor intrínseco del
descubrimiento de la verdad acerca de las relaciones humanas, hace de la ética
una disciplina de primera importancia. Sólo los bárbaros no sienten curiosidad
respecto de dónde vinieron, cómo llegaron a dónde está, a dónde parecen ir, si
quieren ir allí y, en caso armativo, por qué, o, en caso negativo, por qué no.12
Esto es una experiencia hermenéutica y analógica mexicana, nuestroamericana e inclusive,
mundial, que busca superar los relativismos y los reduccionismos en cuanto a su consistencia
teórica y su viabilidad práctica, porque tiene la potencia de la analogía de la proporcionalidad,
que permite la mesura y el equilibrio dialéctico de pensar, pero conservando la diferencia
de la identidad del conocimiento propio del ajeno, en la historicidad de la producción de las
ideas concretas.
Así, una hermenéutica analógica pretende responder a las inquietudes y demandas
del hombre de hoy. Trata de hacer algo por él, en este momento en que la ciencia
y la técnica lo amenazan con estrangularlo por su exigencia tan rigorista de
exactitud, y en que las humanidades lo amagan con distenderlo y atomizarlo por
su relativismo tan excesivo. […] Si la hermenéutica llegó a ser el lenguaje común
entre los lósofos de hoy, es necesario rescatarla de esa dolorosa distensión en
la que la han puesto esas tendencias extremas (de las losofías del desencanto).
[…] Inclusive, las aportaciones más recientes, como las de las tecnociencias, han
recibido ya y están recibiendo aún la aplicación de la hermenéutica analógica, la
cual maniesta así su potencial. 13
Ello implica plantear un universal metafísico y ontológico de algo, como aquello de lo
que son los principios; sin embargo, éstos pueden reinterpretarse, reconstruirse, explicarse,
hermeneutizarse, óntica e históricamente. Así el contenido de la historia de las ideas y,
puede decirse que, de la losofía misma, se constituye en la historicidad de la producción
y generación de las ideas en la realidad espaciotemporal, donde la producción intelectual
reexiona sobre la existencia, la vida, el mundo, la realidad, el ser, las ideas, los pensamientos.
12  Isaiah Berlin, El estudio adecuado de la humanidad. Antología de ensayos, México, FCE, 2009. p. 4.
13  Mauricio Beuchot, Hechos e interpretaciones. Hacia una hermenéutica analógica, México, FCE, 2016, pp. 50-51.
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Esta es la historia, allí donde está contenida la historia de la sabiduría de la humanidad a
través de los escritos, de los archivos, de los documentos, de las bibliotecas, de los libros y las
diversas formas orales de comunicación, donde se represan, contienen y testimonian todo
el saber humano.
Por ello, según el maestro José Gaos:
El contenido íntimo y último de esta vida en la actualidad fue puesto en el
historicismo, en el trabajo intelectual con base de saber histórico y con sentido
histórico, y explicado por la historicidad humana. La función en importancia de la
Historia de la losofía, en el aprendizaje y ejercicio de la profesión losóca en la
actualidad. […] Pero la abstracción no sería posible si la vida no fuese concreción
explosiva, situación determinada por una circunstancia o convivencia en
correlaciones: el tema de la abstracción conduce a la estructura de la misma vida.
La abstracción losóca no sólo en su meollo intelectual, sino en toda su amplitud
vital. […] Abstracción es de algo en algo: la losofía contemporánea, de la vida
concreta contemporánea, en el horizonte de libros, la biblioteca y las operaciones
llevadas a cabo en ella.14
La losofía en general, la historia de las ideas y de la losofía se mueve por hipotéticos
y abstracciones formales de juicios analíticos-sintéticos dialécticamente construidos; por
conceptos, categorías, semánticas y semióticas de los lenguajes que buscan comprender
la signicación y el sentido de las ideas losócas en el tiempo, de los hechos y de los
aconteceres. La conciliación implica una dialéctica procesual del modo de cómo se producen
las ideas (losócas) de los sujetos sociales, de las sociedades y las comunidades humanas
históricamente; lo que requiere redenir, resemantizar lenguajes, formas expresivas,
simbólicas en los textos, en los contextos históricos contenidos y expresos en archivos,
bibliotecas, libros, documentos.
Allí donde la determinación histórico racional en su construcción hermenéutico lógico-
formal-analógico del justo medio hace, momentáneamente, abstracción del tiempo, del
aquí del ahora en que ha de responderse por la interpelación existencial del mundo de la
vida, que se le plantea al ser humano en cada circunstancia histórica y temporal concreta.
De esto se deriva una conclusión fundamental: no son sólo del pensamiento y el lenguaje
racional, sino, además, con aquello que se practica en atención a la situación concreta, lo que
constituye la forma losóca originaria y original del pensar y del hablar en nuestra América,
porque es necesario insistir que la producción de las historia de las ideas históricamente
situada, requiere ir más allá de los modernismos, los poscolonialismos e inclusive, de los
decolonialismos, de los posmodernidades y los globalismos; especialmente, es de relevancia
destacar, que en el mundo existe una crisis losóca, política, social, económica y cultural.
En efecto, tenemos, a nivel mundial, una profunda crisis losóca. Ésta se revela en
Europa y los Estados Unidos, y tiene repercusiones en Latinoamérica, sobre todo
en México, que tan atento está a copiar las corrientes europeas y estadounidenses.
14  José Gaos, Francisco Larroyo, Dos ideas de la losofía, Mexico, Casa de España en Mexico, 1940, pp. 28-24-25.
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Ahora se ve más la inuencia europea que la estadounidense, ya que ésta tuvo
presencia a través de la losofía analítica, y ahora lo hace con la losofía pragmatista
Peirce, James, Dewey, sobre todo a partir de Rorty. Pero la europea está más
presente, a través Nietzsche, Heidegger y la hermenéutica, así como antes lo había
tenido con el marxismo y el estructuralismo. En nuestros países se importa el
actual pensamiento posmoderno, principalmente ce corte europeo, que está
dejando vacía y exangüe la losofía nuestra15.
Allí donde las interpretaciones del ente, de la res, sólo pueden llevarse a cabo partiendo
del ámbito de la respuesta que provoca la interpelación de la conciencia como ente situado
y en situación por medio de la palabra pronunciada de aquí y de ahora, como respuesta
emergente a un mundo que ha cancelado la realidad del pensamiento, de las ideas y de su
producción en la temporalidad que incluye desde el presente-pasado-futuro.
Es de este modo que, desde nuestro horizonte óntico-epistémico-fenomenológico-
ontológico,
La universalidad y la certeza absoluta de las leyes de la lógica son todo lo contrario
de la mera parcialidad o probabilidad de las leyes de los hechos. Estas deben
su mera parcialidad o probabilidad a la individualidad y a la temporalidad de los
hechos de la experiencia que constituye su fundamento. Los contrasentidos y
absurdos consiguientes a concebir las leyes lógicas como leyes de hechos y como
hechos los objetos lógicos, radican en que los hechos tienen principio y n, mudan,
y las verdades no. Lo decisivo es, pues, la individualidad, mutabilidad y, en último
fundamento, temporalidad de los hechos, por una parte, la certeza absoluta, la
inmutabilidad, la universalidad, la eternidad o intemporalidad de las leyes lógicas,
de las verdades, por el otro16.
Así, la historia de las ideas en nuestra América se inicia con el reconocimiento de la
historicidad de las ideas, de los conceptos y de la losofía misma, que busca la pertenencia
explicativa e interpretativa del sentido de verdad y del contrasentido de la lógica de los
hechos. Ello implica una losofía de compromiso y de responsabilidad: una eticidad sobre
el ethos de la vida cotidiana; una losofía de la historia, una sociología del conocimiento,
una losofía política, pero también la forma como se gestan y construyen los conceptos y las
categorías losócas en el tiempo.
Es el espacio histórico que ha de asumirse losóca y éticamente responsable, que
precisa la necesidad de orientarse en el hipotético deber ser y sus prácticas, en el acontecer
fenoménico e histórico de nuestra realidad, allí donde el ente-ser humano se reconoce e
identica con la comunidad.
Porque, según el maestro Zea,
15  Mauricio Beuchout, Ordo analogiae. Interpretación construcción del mundo, México, UNAM, 2012. p. 19.
16  José Gaos, Francisco Larroyo, Dos ideas de la losofía, Mexico, Casa de España en Mexico, 1940. pp. 158-159.
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El hombre se debe todo a la comunidad. Es ésta la que le ha traído al mundo,
le ha nutrido, le ha educado, le ha hecho partícipe de sus bienes y le ha puesto
en posesión de sus derechos. La aceptación de todos estos bienes compromete
al individuo con la comunidad. El compromiso no es sólo para recibir los bienes,
también lo será para recibir los males, si éstos llegan. El que vive en comunidad, por
este mismo hecho, se compromete con ella.17
La modernidad alternativa radical de nuestra América, plantea y replantea una losofía y
una historia de las ideas desde los textos y contextos en la historicidad del acontecimiento,
lo que requiere, o más bien implica el reconocimiento del modo de ser, pensar y estar en el
mundo.
“Una losofía, una historia de las ideas, una investigación sobre la problemática
espiritual en relación con lo social, lo político y lo económico, desde un punto
de vista americanista” (Arturo Andrés Roig: Entrevista “Conquistar un nuevo
pensamiento crítico”, Paréntesis, Mendoza Argentina, 1999). Es decir, una losofía
práctica que asuma el derecho a la defensa de valores humanos como dignidad,
justicia y equidad, ante un mundo que globaliza las formas de explotación, miseria
y fragmentación social. 18
HISTORIA DE LAS IDEAS DESDE NUESTRA AMÉRICA
EN EL MUNDO DE HOY
La historia penetra todos los hechos humanos, por lo tanto, no puede eludirse, está presenta,
antes como ahora, en todas las actividades humanas, a pesar de que la posmodernidad se ha
obstinado en negarla y en desacreditarla, empero, ella misma se encuentra inmersa dentro
de una realidad que ha sido consecuencia de la contingencia histórica, la cual ha pasado a
ser la ideología cultural del neoliberalismo, de la posmodernidad y la poscolonialidad.
Ante esta realidad mundial es importante, como entes-seres situados, buscar el sentido
de la vida, de la existencia humana toda, produciendo ideas históricamente situadas en una
crisis losóca en la que es muy complicado orientarnos.
Se necesita encontrar una vía diferente que nos saque a un terreno más promisorio,
donde nuestra reexión sobre la vida, la historia y las ideas, los pensamientos de nuestro
estudio pueda ser más fecundo al buscar un camino distinto.
17  Leopoldo Zea, La losofía como compromiso y otros ensayos, México, FCE, Tezontle, 1952, p. 17.
18  Mario Magallón Anaya, “Ideas políticas: La democracia realmente existente en América Latina”, en Mario
Magallón Anaya y Roberto Mora Martínez (Coordinadores) Historia de las ideas: Repensar la América Latina,
México, CCyDEL/UNAM, 2006, p. 223.
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Buscar el sentido es interpretar. Así buscar el sentido de la vida es poder
interpretar la vida. Con todo, se ha dicho que la vida se interpreta reexionando
sobre la muerte. No en balde la losofía ha sido vista como meditación sobre la
muerte (meditatio mortis). Si Heidegger veía la ontología como hermenéutica de
la facticidad, aquí, al hacer hermenéutica de la vida, estamos haciendo un tipo de
ontología. Es la ontología que cuaja en la antropología losóca, en la losofía del
hombre. […] Esta disciplina ha sido muy relegada, casi abandonada, por miedo
a tener que ver con la naturaleza humana, y el antiesencialismo del presente
aconseja la huida, el evitarlo. Sin embargo, sea la naturaleza humana, sea algo
menos peligroso (por fuerte) como la condición humana, estamos concernidos con
nuestro ser de hombres, con nuestro ser humano. […] Hay una esencia humana, y
en ese nivel abstracto es incambiable; pero se da en concreto de manera histórica,
y allí presenta realizaciones diversas, según la circunstancia, el contexto. De esta
manera hacemos compatibles la naturaleza y la historia, que muchos han separado
como irreconciliables. 19
La posmodernidad es el surgimiento sintomático que rehúye la consideración histórica
de los fenómenos losócos y culturales del neoliberalismo para hacer del texto, del
contexto histórico y los discursos el fetiche que absolutiza el enfoque fragmentario que
reduce la materialidad histórica de los hechos a sólo trizas del acontecer de la existencia
humana. Es importante señalar en el sentido posmoderno y poscolonial, que la Historia,
las historias de las ciencias, de la losofía y de las ideas transcurren en los textos, empero,
es necesario reconocer que es a través de ellos que se analizan y contextualizan los hechos,
los acontecimientos históricos circunstanciados y ontológicos, como expresiones semántico-
discursivas de las formas ideológicas de la totalidad histórica, de las totalizaciones y de las
mediaciones discursivas.
Es decir, se trata de la práctica procesual, discursiva y comprensiva cuyo espacio de trabajo
no se reduce sólo a la losofía política y a la cultura contemporánea, tampoco a los grupos
ilustrados hegemónicos, sino que está abierta a todas las producciones históricas y culturales
situadas en la temporalidad espacial de la realidad concreta, material. Esto hace posible
mirar a la historia y la política como la columna vertebral que permite ver la realidad social y
cultural como proceso articulado, cambiante y cambiable.
Esto es, según Foucault,
Intentar encontrar en la historia de las ciencias, de los conocimientos y del saber
humano algo que sería como su inconsciente. Si (se) quiere la hipótesis de trabajo
es globalmente ésta: la historia de los conocimientos no obedece simplemente
a la ley del progreso de la razón; no es la conciencia o la razón humanas quien
detenta las leyes de la historia. Existe por debajo de lo que la ciencia conoce de si
misma algo que desconoce, y su historia, y su historia, su devenir, sus episodios,
sus accidentes obedecen a un cierto número de leyes y determinaciones. […] Existe
una especie de mito de la Historia entre los lósofos. En general los lósofos son
19  Mauricio Beuchout, Ordo analogiae. Interpretación construcción del mundo, México, UNAM, 2012, pp. 106-
107.
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muy ignorantes respectos a todas las disciplinas que no son las suyas. […] La Historia
es una especie de grande y tosca continuidad en la que se engarzan la libertad de
los individuos y las determinaciones económicas o sociales. […] de hecho hace ya
bastante tiempo que personas tan importantes como Marc Bloch, Lucien Febvre
o los historiadores ingleses y otros han dado n a ese mito de la Historia, ese mito
de cuyo asesinato se me acusa, me gustaría realmente haberlo destruido porque
era precisamente con él con quien pretendía acabar y no con la historia general.
La historia no muere, pero la historia para los lósofos, esa sin duda, me gustaría
terminar con ella. 20
La investigación sobre nuestro pasado histórico, losóco, social, jurídico y cultural, a través
de la historia de las ideas, no se reduce a la reconstrucción arqueológica del pasado, sino que
es, más bien, un intento por comprender la realidad del presente poscolonial y posmoderno,
desde la dimensión losóca e histórica nuestroamericanista. Para entrar en esta reexión
se requiere, por lo menos tener conocimientos básicos sobre lo que es la modernidad
alternativa radical en la pluralidad de nuestra América, donde la losofía política permea
todas formas de pensamiento, de saberes, conocimientos y epistemes.
Una modernidad alternativa que rompe la concepción de las formas discusivas
unitarias, cerradas y excluyentes del resto de la humanidad, al margen de la historia
occidental de la razón imperial, que se asume como la única razón, el único logos, la
única forma de racionalidad noratlántica, para colocar al margen de la historia y de
la razón a las naciones que no fueron el centro de la conquista y de la civilización
occidental. 21
Desde este horizonte de sentido se asumen formas axiológicas valorativas latinoamericanas,
caribeñas, africanas, negras, árabes, asiáticas, es decir humanas. La historia occidental de
la humanidad, las categorías dualistas de bien y mal, varían de acuerdo con quienes han
ejercido las formas del control y de dominio del poder político, económico, social, losóco,
jurídico, cultural y de derecho; en consecuencia, conceptual ontológica y epistemológica.
Así en la historia de la conquista de otras naciones, de comunidades, de grupos sociales, se
trata desde el horizonte de la historia de las ideas, de analizar y explicar los signos, expresión
simbólica de cómo se maniestan las fuerzas del imperio en sus muy diversas y variadísimas
expresiones: materiales, ideológicas, políticas, losócas, económicas y culturales.
Adolfo Sánchez Vázquez al hacer una reexión sobre los valores de las fuerzas de control
y dominio del imperio norteamericano ha señalado al respecto:
Tenemos pues en el centro de atención al imperio, ciertamente, aunque se trata de
una categoría histórica que puede aplicarse a diversos sistemas de dominación de
épocas lejanas, como los imperios español, británico, otomano, francés, e incluso,
20  Michel Foucault, Saber y verdad, España, las Ediciones de la Piqueta, 1991, pp. 43-44.
21  Cfr.Mario Magallón Anaya, José Gaos y el crepúsculo de La losofía latinoamericana, México, CCyDEL/UNAM,
2007. (Revisar los capítulos I y II)
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a los de épocas tan remotas como el imperio romano, cuando hoy hablamos del
imperio tenemos en la mira al que actualmente ejerce la dominación mundial, o
sea, el imperio norteamericano. Se trata de un imperio que, si bien no tiene una
historia tan larga como los del pasado, supera a todos ellos en su rasgo común:
el dominio mundial. Se trata, de un imperio que tanto han sufrido. – y que siguen
sufriendo- los pueblos latinoamericanos. Ciertamente, esta historia imperial de los
Estados Unidos surgió precisamente en nuestro continente, vinculada a la doctrina
monroísta del “Destino Maniesto”, con la que se justica su expansión en América
Latina (y el Caribe) y, particularmente en México.22
Así, cuando se habla de Historia, se parte de una idea del mundo actual, que no se
reduce a la historia y a la historiografía, a las historias de las ciencias, sino, además, a la
historia de las ideas losócas, políticas, económicas, sociales, culturales, jurídicas. Lo cual,
para nosotros, desde nuestra América comprende, lo que en términos generales se llama
historia del pensamiento, que se especializa en las funciones generales del ser humano, de
la vida, de la existencia humana, que se cultiva en losofía, ciencia y pensamiento losóco
históricamente situado y en situación.
Es decir, el pensamiento losóco, algunas de las veces utiliza las formas, los métodos y
el estilo de la losofía y de la ciencia, pero no tiene necesariamente como objeto el estudio
sistemático de la losofía ni de la ciencia, sino más bien tiene como su objeto, las ideas
inmanentes, históricas, humanas, las que no se presentan como los eternos temas posibles
de un sistema, sino como problemas circunstanciados e históricos que requieren respuestas
y posibles soluciones urgentes de la apremiante realidad.
Por otro lado, el pensamiento también, según los casos y aplicación metodológica, tiene
por tema los objetos propios de la losofía, pero el pensamiento no siempre usa sus métodos
y estilos, sino que lo hace a través de ideas literarias, losócas, pedagógicas, ensayísticas,
periodísticas, etc. Por esta razón el pensamiento muchas veces se le considera como formas
expresivas simbólico-literarias.
Puede decirse que
El pensamiento de lengua española se puede caracterizar como losofía y literatura
juntas. Es decir, se estudia no sólo la losofía de lengua española -como lo pensó
José Gaos- sino además el pensamiento de lengua española. El pensamiento se
encuentra vinculado en una lengua. De allí que el pensamiento y la lengua se
especialice en pensamientos y lenguas nacionales llevadas por vinculación mutua
en ellas. Las naciones que participan en una sola lengua tienen una cierta unidad,
como lo son la lengua española, las que forman la unidad de Hispanoamérica.23
Es de esta forma que el pensamiento, que se especica en la historia de las ideas, en
general, se ocupa de las ideas políticas, sociales, económicas, estéticas, pedagógicas,
22  Adolfo Sánchez Vázquez, Ética y política, México, FCE/FFyL/UNAM, 2007, pp. 130-131.
23  Cfr., Mario Magallón Anaya, Dalla storia della losoa alla losoa della losoa, (“De la historia de la losofía
a la losofía de la losofía de José Gaos”), Milano-Udine, Italia, Mimesis Edizioni, 2017.
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losócas, culturales, cientícas, etc.
Recientemente, en el último medio siglo XX en nuestra realidad nuestroamericana ha
aparecido la inuencia de la historia de las mentalidades, muy cercana analógicamente a
historia de las ideas entre nosotros, la que, obviamente, no se reere a la historia de las
ciencias, ni a la descripción, ni al análisis de lo que pensaron los grandes pensadores de
la losofía, la política o la ciencia, sino, más bien, a las formas de pensar dominantes de
las diversas épocas del pasado, ya sean de la sociedad en general, o de los grupos que
componen la realidad social, o de las clases que constituyen el hacer social y humano. Es
decir, esta cercanía de historia de las mentalidades con la historia de las ideas radica en la
visión histórica contextualizada, temporalizada, situada. Este mismo fenómeno acontece en
Europa y en otras partes del mundo, lo que puede llevar a la conformación de una sociedad
divida, excluyente racista, con fuerte oposición con los migrantes y con toda forma de
pensamiento y tradiciones que no se ajusten al imaginario occidental europeo, allí donde las
historias de las ideas entran en colisión, porque no existe un horizonte epistémico y óntico
común incluyente de la diversidad.
En la situación actual, con una demanda, por una parte, y con fuertes vínculos
por otra, se corre el riesgo de crear una sociedad dual: la primera caracterizada
por la ciudadanía plena, dotada de plenos derechos; la segunda, compuesta por
extranjeros, con características de underclass permanente. A algunos de ellos se
les concederá, ciertas formas de ciudadanía, pero a la mayoría se les concederá, en
ciertos aspectos, como una raza inferior, al menos desde el punto de vista de los
derechos de ciudadanía. Hoy en día la mitad de los inmigrados que viven en Europa
es clandestina, ilegal, y por lo tanto carente de derechos. A corto plazo, las víctimas
de esta situación no experimentarán plenamente las consecuencias, porque si eres
un emigrado del África negra, aún sin derechos de ciudadanía estás mucho mejor
ganándote la vida en Florencia, pongamos por caso, que en tu país de origen. Este
proceso crea una sociedad de apartheid.24
Desde la perspectiva de América Latina, los problemas arriba señalados dicultan la
posibilidad de construir, al igual que Europa, una historial de las ideas, de las mentalidades e
intelectual continua, sino de reconguraciones oposiciones, desviaciones donde se muestran
un horizonte epistemológico y ontológico común incluyente; o más especícamente, amplio
e incluyente de ellas.
La historia de las ideas de nuestra América ha tomado tanta importancia a través del
tiempo, que uno de los más agudos pensadores, de la losofía y de la losofía de la historia,
como Collingwood25 ha señalado que toda historia es historia de las ideas; es el ser humano
detrás de toda acción social, política, histórica, losóca, lo cual implica una reconstrucción
conceptual y semántica.
En continuidad con esa misma armación, puede decirse que tanto la historia de las
ideas como de la losofía llevan inevitablemente implícita en su reexión y en el contenido
24  Eric Hobsbawm, Entrevista sobre el siglo XXI, España, Crítica, 2000, p. 197.
25  Cfr. R.G. Collingwood, Idea de la historia, México, FCE, 1968.
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de su quehacer, la constitución de una antropología losóca, como parte de una situación
diferenciada y especial, de la historiografía losóca.
Leopoldo Zea cuando reexiona sobre el pensamiento losóco mexicano, considera que
no es equivalente a esquematizar la historia de México, porque existe una estrecha relación
entre ese pensamiento, la historia losóca, social, política y cultural.
Las ideas no se encuentran al margen de los hechos, todo lo contrario, los
acompañan como su más legítima expresión. Los hechos plantean los problemas,
las ideas tratan de resolverlos. Esta es, me parece, la tarea de toda legítima losofía.
En el caso de México, y lo que digo de mi país puede extenderse al resto de los países
americanos, no existe lo que podríamos llamar una losofía original, si entendemos
por losofía original, la creación de determinados sistemas tal como los ha creado
Europa; pero existe una losofía propia en cuanto que se han planteado
problemas que le son propios y dado soluciones propias para tales problemas. Lo
que no ha sido original es el instrumental para obtener tales soluciones. En este
caso se ha servido del arsenal de ideas que le ha ofrecido la cultura europea de la
cual es hijo. Pero tales ideas al ser trasladadas a éstas nuestras tierras, guardando
su forma de origen, se han hecho nuestras al transformar su contenido. 26
La antropología losóca como construcción epistemológica conceptual, ontológica y
fenomenológica del sujeto social incorpora la pluralidad de las ciencias humanas y sociales.
Así, efectivamente, en la razón de la Antropología cientíca y de las ciencias humanas.
Hay, desde luego, una antropología cientíca, que más bien que una, es ya una
pluralidad de Antropologías: física, social, cultural. […] Y, además, en continuidad sin
solución con ellas, la pluralidad mucho mayor de las ciencias humanas, históricas
y teóricas: Sociología e Historia Social, Economía e Historia Económica, Ciencia e
Historia de la Religión, Ciencia e Historia de la Literatura, etc., etc., aunque solas las
teorías entrasen en la confrontación la Antropología Filosóca, disciplina ella misma
teórica, y no histórica, como la misma Filosofía de la Historia. Pero aún habría que
añadir la Psicología, en las fronteras de las ciencias naturales y las humanas, y por
sí sola ya toda otra enciclopedia de disciplinas y direcciones y escuelas. 27
Este acento antropológico de la losofía y de la historia de las ideas ha sido el paso
de la losofía del origen de las cosas, a la losofía del origen de las ideas de las cosas. Del
mismo modo que podemos decir de la antropología, y de la historia en general, de las ideas
losócas y de la losofía en particular, todas son productos humanos en acción, así como
detrás de toda acción humana tiene sentido y fundamento histórico-social.
La historia de las ideas es la inexión que se da entre la Filosofía y las losofías enfrentadas
y en conicto consideradas como las formas propias y comunes del losofar y de la losofía.
26  Cfr. R.G. Collingwood, Idea de la historia, México, FCE, 1968.
27  José Gaos, De antropología e historiografía, Xalapa, Universidad Veracruzana, 1967, p. 32.
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Es un discrepar para comprender y hacerse comprender entre los otros seres humanos,
desde un ser situado en la historia de una realidad que requiere ser conocida, analizada
y explicada críticamente. La razón como uno de los atributos humanos, es una facultad,
una expresión verbal y del pensamiento. Es en un primer momento, razonar, raciocinio y
pensamiento discursivo.
Es un ir dando razón, como acto de pensar el todo, el cual está constituido por ideas
o conceptos y categorías en la historicidad concreta. De entre estas últimas se destacan
aquellas de carácter negativo de la existencia del todo, de la nada y de la innitud. Sin
embargo, la razón es pensamiento negativo de lo innito. Pero estas categorías de la razón
no pueden dar razón de los objetos del pensamiento en general o de los empíricos del
pensamiento, sino únicamente de los sujetos que piensan tales categorías. Empero, la razón
pura sólo puede dar razón de sí misma a través de la razón práctica. A pesar de ello, la razón
pura no puede dar razón de la razón práctica.
En la actualidad es notable un sentimiento creciente que reclama la necesidad de
investigar lo que los seres humanos han pensado y sentido a lo largo del devenir histórico
social; conocer sus ideas básicas de cómo se han visto a sí mismos y de cómo concibieron sus
proyectos y aspiraciones, sus ideales, su sueños, sus utopías y realidades losócas, políticas,
sociales, psicológicas e históricas nuevas.
De esta forma se puede armar que la historia de las ideas es el intento por
mostrar el nacimiento y desarrollo de algunos de los conceptos dominantes de
una organización social y cultural a través de largos períodos de cambio mental
y aspira a brindar la reconstrucción de la imagen que los seres humanos se han
forjado de sí mismos y de sus actividades en una época y cultura dadas. Por ello
presenta una variedad muy amplia de exigencias para aquellos que investigan
en su campo. Requiere de estas penetrantes habilidades lógicas para el análisis
conceptual, ricos almacenes de sabiduría asimilada, amplias capacidades de
imaginación comprensiva y reconstructiva, capacidad para “meterse dentro”
y comprender desde allí formas de vida diferentes de las propias. Pero, salvo
rarísimas excepciones, estas capacidades que debe poseer quien se dedique a
historiar las ideas, es cosa difícil de encontrar reunidas en un solo individuo28.
En los tiempos posmodernos que fenecen -los cuales parece que están dejando de ser
una moda intelectual- se hizo presente el pensamiento fragmentario, sin compromiso ni
horizonte teórico consistente y se reconguran nuevos horizontes ontoepistémicos. Tiempos
donde no existía un regreso al estudio de los grandes problemas ontológicos, del sujeto
social, de las ideologías, de la reconstitución de los relatos explicativos, de la reconsideración
de lo simbólico, del estudio de los valores, de la estética, de las éticas de compromiso, de
la literatura, de la poiesis (de la creatividad), de la recuperación del valor del ensayo, de las
utopías de la esperanza, las cuales hacían ver el futuro de la humanidad desolador con
pocas alternativas y salidas.
28  Horacio Cerutti Guldberg, Mario Magallón Anaya, “Historia de la ideas y losofía latinoamericana”, en Horacio
Cerutti Guldberg y Mario Magallón Anaya, Historia de las ideas latinoamericanas ¿disciplina fenecidad?, México,
Juan Pablós/UCM, 2003, p. 17.
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Revista ProPulsión. Interdisciplina en Ciencias Sociales y Humanidades
Es decir, en oposición a las losofías posmodernas, se inicia la vuelta a la razón, a las
losofías racionales, a la historia de las ideas, del pensamiento losóco, de los discursos,
los argumentos metódicos, sistemáticos y consistentes, constituidos por lenguajes con
signicación y sentido abierto, de alcances explicativos que dan seguridad y certeza al saber
losóco mismo. 29
En este nuevo horizonte que la actualidad nos plantea, tanto en el losofar como el modo
de hacer losofía, se requiere pensar con categorías conceptuales, con teorías losócas y,
por ende, de dar razón del propio quehacer, sobre el ser humano, la realidad y el mundo. Esta
forma de proceder racionalmente es volver a revisar los principios de la crítica de la razón
pura y de la razón práctica kantianas. Ello, tiene, implícitamente, una antropología losóca
que hoy más nunca requiere ser revisada y refundamentada sobre principios y conceptos
racionales consistentes y de alcance universal.
José Gaos apunta, respecto de lo que venimos señalando:
Análogamente, con todas las disciplinas y la discriminación de su índole cientíca
o no tal. Primero, pues, hacer Antropología, teoría de la vida, y si se hace
alguna, entonces revisarla críticamente desde el punto de vista epistemológico,
gnoseológico. Pero no puede decirse lo mismo de la ciencia práctica o arte de vivir.
Decir: “primero vivir y luego utilizar el conocimiento para vivir”, es una contradicción,
contrasentido. La teoría de la acción no puede más que seguir a ésta. La crítica de
la teoría o del arte no puede más que seguir a éstos. Pero el arte mismo, que es
la teoría para la acción, no puede seguir a ésta; no puede más que precederla,
para poder guiarla, o no sería arte o con todo rigor, no existiría. Lo que se puede y
debe hacer es, en conclusión, lo siguiente: tratar de ir labrando una eudemonología
(disciplina de la vida, del bien vivir) –con fundamentos y bajo punto de vista como
los expuestos- de ir apropiándose lo que de eudemonología haya labrado o vaya
labrándose; ir revisando epistemológica o gnoseológicamente la que se vaya
labrando o apropiando; tratar de utilizar la que se vaya labrando a apropiando para
vivir; y lógrese la utilización o resulte frustránea, tratar de averiguar las razones del
éxito o del fracaso. 30
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29  Cfr. Mauricio Beuchot, Interpretación y realidad en la losofía actual, México, Instituto de Investigaciones
Filosócas/UNAM, 1996.
30  José Gaos Op. cit., p. 60.
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