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VOLUMEN IV/ NÚMERO 2/ AÑO 2/ ISSN 977245257580/ PÁGINAS 23-34/ RECIBIDO: 07-10-2021/ APROBADO: 17-12-2021/ www.revpropulsion.cl
Revista ProPulsión. Interdisciplina en Ciencias Sociales y Humanidades
que, en su propósito fundador, se propuso explicar el turbulento comportamiento social y
contribuir al cambio estructural de la sociedad. Desde esta óptica, Se sigue observando a los
movimientos en dos dimensiones, adjetivando una u otra en función de su carga ideológica.
Si establecemos como principio, que los movimientos sociales son entes organizados
que persiguen un n en común y que, según la dinámica social, se mantienen en tensión
permanente con las diferentes estructuras de poder, uno podría suponer, por lo descrito
anteriormente, que siempre han existido. Sin embargo, la historia o gran parte de la
historiografía nos muestra el siglo XVIII como su génesis dando desde ahí su puntapié inicial.
Desde la llegada de los europeos, espada en alto y Biblia en mano, nuestro continente
estuvo en constante levantamiento, es decir, en tensión permanente con la estructura de
poder. Producto de ello, se generaron bastantes revueltas e incontables rebeliones en el
continente que llevaron a constituir un imaginario de una América Latina indómita. Por
lo tanto, vale el formularse algunas preguntas. ¿Vamos a entender el término “movimiento
social” como algo nuevo que ingresa de manera protagónico en las postrimerías del siglo XIX?
Y si es así, ¿habría que subdividir lo que son “los movimientos del siglo XX” de los llamados
“nuevos movimientos sociales” que aparecen al nal? ¿Qué es lo que cambia para que, el
alzamiento del orden sea catalogado como revuelta, rebelión o movimiento social?, ¿será el
n último con que se genera dicha dinámica quien le dará el nombre?
Sobre la última pregunta, uno puede presuponer que en la región, ya entrado el siglo
XX, movimientos sociales inspirados en las corrientes marxistas transformadoras del Estado
dejarían de ser “movimientos sociales” y pasarían a ser “movimientos revolucionarios” que
buscaban transformar el conjunto de la sociedad. Entonces, nos surge otra pregunta, ¿los
movimientos sociales no buscan transformar el Estado y con ello la sociedad? La respuesta a
esta pregunta aparenta ser negativa. Al parecer los movimientos sociales solo buscan superar
una determinada coyuntura dentro de esa tensión con la estructura de poder demarcada.
Para Amelia Barrera, cualquier movimiento social se desarrolla no por fuera, sino como
parte de ese Estado y por tanto, un movimiento social es un movimiento político, porque
afecta la relación básica gobernantes-gobernados. Un movimiento social no es tampoco
emancipador o libertador per se, sino que persigue objetivos no satisfechos (Barrera, 2016, p.
4). Si consideramos la cita anterior como soporte teórico, podemos establecer que hablamos
de dos conceptos que no actúan como sinónimos pero que, al conjugarlo con la visión
militante, pueden sonar similares. Desde esa trinchera podríamos hablar de dos tipos de
movimiento; uno, que se organiza para superar la alteración de la dinámica establecida. Y
dos, uno que se organiza para transformar el Estado y la sociedad en su conjunto. Movimiento
social y movimiento revolucionario respectivamente.
Pero todo lo anterior recae también en la incapacidad de las Ciencias Sociales que, a
la fecha, no ha generado mayores interpretaciones del mundo social y no se ha logrado
profundizar en un nuevo marco teórico que nos permita (re)entender la emancipación social.
Es decir, también nos enfrentamos a un cuestionamiento epistemológico que nos permita
entender la realidad del momento y por ende, transformarla. En pocas palabras, la saturación
de las Ciencias Humanas nos ha llevado a pensar la sociedad en función de la tendencia que
más le acomode al investigador. Vale decir, Si creemos como Marx que toda la historia de la
sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de lucha de clases valoraremos muy
positivamente la lucha económica, política y cultural de la clase obrera, por liberarse de un