
Revista ProPulsión. Interdisciplina en Ciencias Sociales y Humanidades
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VOLUMEN IV/ NÚMERO 2/ AÑO 2/ ISSN 977245257580/ PÁGINAS 8-22/ RECIBIDO: 23-11-2021/ APROBADO: 16-01-2022/ www.revpropulsion.cl
intercultural, ejemplica muy bien, como el capitalismo esconde sus intenciones a partir
de la creación de nuevas lógicas que interpretan añoranzas de la comunidad. Por ejemplo,
la idea de multiculturalidad, según Walsh (2009), fue impulsada como la nueva lógica de
reconocimiento de los pueblos originarios en Latinoamérica y el Caribe, pero terminó siendo
una nueva estrategia de dominación de los conictos étnicos e incluso categorización étnica.
Los nuevos saberes en educación debieran surgir, entonces, de una investigación menos
técnico administrativa, con investigadores e investigadoras que estén en y con los actores
sociales del sistema escolar y no por sobre ellos. Lo que pasó y pasa con el sistema educativo
chileno es la consecuencia de olvidar que el profesorado es un actor sociopolítico pensante
que puede o no incidir, para bien o para mal, en lo que nos pase, o no, al interior de la
sociedad. En estos nuevos caminos que emprende Chile, por ejemplo, acompañar a la nueva
constitución, se hace urgente, desde la formación inicial y continua, volver a comprender que
para colaborar en la construcción de la sociedad del mañana debemos, parafraseando a Paulo
Freire (1978) no olvidar que la educación es siempre un quehacer político; desde esta consigna
es posible repensar una educación más inmersa en los barrios, las calles, las comunidades.
Michael Apple (2018), Falta referencia completa en la bibliografía contemporáneo de Freire,
planteó que, un pedagogo crítico un profesor y una profesora reexiva de su labor, debiera
dejar el claustro de la sala de clases, la comodidad de la ocina y la sumisión a las normativas
programáticas para interpretar, revivir y dar sentido, las veces que sean necesarias, a la labor
que la escuela debe cumplir. La invitación, bajo las transformaciones sociales que están
ocurriendo en Chile, es a pensar en lo posible en y desde la educación.
El sistema educativo, conado en la ciencia positivista y sus directrices, articuló el ejercicio
de la hegemonía. Gramsci (1981) denió la hegemonía como: “la capacidad de guiar, por lo
tanto, implica dirección política, intelectual y moral” (p.25) de un hombre y una mujer que
se constituyen en una comunidad sumisa, servil y creyente de toda aquella ilusión que el
sistema entrega como opción de igualdad real. La escuela es un espacio de interacciones
políticas, por ende, el profesorado es también un agente político que se constituye, en
palabras de Gramsci (1990) como:
un creador, un suscitador, más no crea de la nada ni se mueve en el turbio vacío
de sus deseos y sueños. El ‘deber ser’ es por consiguiente lo concreto o mejor, es la
única interpretación realista e historicista de la realidad, la única historia y losofía
de acción, la única política (p. 38).
Bajo lo antes descrito es posible establecer que son los profesores y profesoras los y las
que conocen de mejor forma esa realidad que se constituye entre las resistencias al poder
de lo normativo al interior de las escuelas y las salas de clases. Es el profesorado el agente
de cambio creador de nuevas posibilidades de futuro ya que, interpreta no desde la nada,
sino desde la realidad. El profesorado posee lo que Hugo Zemelman (2012) y Estela Quintar
(2008) llaman “conciencia histórica”. Este conocimiento permite leer la realidad que nos
rodea, cuestionar, pensar y proponer.
El hombre político y la mujer política, que antes fueron estudiantes, son la consecuencia
de prácticas de enseñanza que surgieron de saberes pedagógicos o saberes de resistencia.
Desde el 2021 los chilenos y chilenas aguardan con ilusión una nueva constitución, una