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La ideología chavista: ¿qué es el chavismo?
Chavista ideology: what is Chavismo?
DR PEDRO RODRIGUEZ ROJAS
Universidad Central de Chile. Santiago, CHILE. (pedrorodriguezrojas@gmail.com) (https://orcid.
org/0000-0003-1347-8313)
RESUMEN:
Este artículo persigue analizar el proceso de formación del chavismo
como ideología política. Para ello se hace una breve revisión histórica
de la formación ideológica del presidente Hugo Chávez, su visión
como militar y la consolidación de su liderazgo. Recogeremos el
debate en torno a la gura del caudillo y la apreciación sobre el
populismo en el gobierno chavista. El tratamiento que Chávez le dio
a la política, cómo abordó las diversas corrientes del pensamiento
político, particularmente del socialismo y el marxismo, para
terminar, abordando su papel en el proceso de consolidación de
un sentimiento de identicación y aversión en torno a su liderazgo.
ABSTRACT:
This article seeks to analyze the formation process of Chavismo as a
political ideology. For this, a brief historical review of the ideological
formation of President Hugo Chávez, his vision as a military man
and the consolidation of his leadership are made. We will collect
the debate around the gure of the caudillo and the appreciation
of populism in the Chavista government. Chávez's treatment of
politics, how I approach the various currents of political thought,
particularly socialism and Marxism, to nish, addressing his role in
the process of consolidating a feeling of identication and aversion
about his leadership.
PALABRAS CLAVE / KEY WORDS
chavismo, ideología, liderazgo, política, Venezuela, populismo. /
Chavismo, ideology, leadership, politics, Venezuela, populism.
VOLUMEN I/ NÚMERO 1/ AÑO 1/ ISSN 977245257580
PÁGINAS 71-90/ RECIBIDO: 16-03-2020/ APROBADO: 27-05-2020
DOI: https://doi.org/10.53645/revprop.v1i1.84
www.revpropulsion.cl
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La ideología chavista: ¿qué es el chavismo?
1. INTRODUCCIÓN
Al inicio del gobierno de Chávez (1999), aunque hay un discurso nacionalista y a favor de
los pobres, los eternamente excluidos, no se asume una postura clasista, y mucho menos
ligada a corrientes políticas radicales, como el socialismo ni el marxismo (Vidal, Ansaldo y
Cea, 2018). Ambiguamente Chávez proclamaba la Tercera Vía de Tony Blair. El discurso social
era más moderado, menos conictivo a la burguesía, llegó hablarse de alianzas, defendía a la
burguesía nacional, y así quedó redactado en la Constitución de 1999.
En Venezuela desde 1999 comienza hacérsele un cerco al neoliberalismo, pero
fundamentalmente en el orden político. Todavía en la Constitución de ese año queda
claramente constituida la defensa de la propiedad privada, y a pesar de los avances de la
reforma social, todavía es una Constitución para una sociedad capitalista. No es hasta abril
del 2005, cuando por primera vez el presidente Chávez avisó de la posibilidad de enrumbar
a Venezuela por el socialismo del siglo XXI, un proyecto autónomo, un socialismo con bases
históricas en el bolivarianismo.
No tenemos la menor duda en armar que el golpe de estado de abril del 2002, el paro
petrolero de nales de ese año y el respaldo popular que obtuvo el gobierno frente a esta
arremetida, fueron los condicionantes que presionaron para asumir una postura más radical.
En el año 2003 surgen las misiones educativas, de salud, para atacar los problemas de los
excluidos (Aponte, 2016), allí comienza una verdadera explosión social con la concientización
y formación socio política de la población, que comienza a estimular la participación activa
de esa sociedad adormecida por el rentismo y manipulada por el populismo.
Desde la llegada de Chávez al poder percibimos un rescate de lo nacional, la integración
latino americana, el humanismo, pero son muchas las contradicciones en término de la
sustentación ideológica de este gobierno. Tal como arma Madeiros (2012), salvo en el caso
del cristianismo y el bolivarianismo, es decir, la sustentación en el pensamiento y acción de
Simón Bolívar y de hombres como Simón Rodríguez y Zamora, “árbol de las tres raíces”, al
que hacían referencia los comandantes del 4 de febrero, el rescate de nuestra historia, el
papel de nuestros primeros pobladores y la herencia africana, el chavismo no se casa con
ninguna ideología . Lo otro es esa extraña mistura política que establece entre su afán por el
cristianismo y el proyecto socialista, lo que le trajo diferencias con los marxistas ortodoxos.
Chávez “coqueteó” con el marxismo, se consideró zapatista, villista, seguidor del Che
Guevara, Fidel Castro, Salvador Allende, José Martí, Perón, Omar Torrijos, Juan Velasco Alvarado,
entre otros, es decir una mistura de nacionalismo, rebeldía, militarismo, autoritarismo, pero
dejó claro que es un socialismo propio. Algunos lo han acusado de pragmatista y populista,
de tener una obsesión caudillista. Sin negar que en algunos casos roce con estas perspectivas
creemos que representa un liderazgo propio y autóctono, un líder y un proyecto distinto.
Aunque de un profundo carácter popular y clasista, estuvo consciente de que lo apoyaban
distintos sectores radicalmente opuestos y lo difícil que es aún profesar el socialismo, pero
peor aún es hablar abiertamente de marxismo.
Fueron asesores o ideólogos del gobierno personajes tan heterogéneos y diversos como:
Norberto Ceresole, autor de la formula Caudillo – Ejército – Pueblo, el profesor español Juan
Carlos Monedero, Heinz Dieterich mentor del Socialismo del Siglo XXI, Eduardo Galeano,
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Marta Harnecker, Joseph Stiglitz, Noah Chomsky, James Petras, Ignacio Ramonet, John
Kenneth Galbraith. Con algunos se mantienen relaciones, con otros se ha producido una
separación. Entre los que podríamos considerar Intelectuales venezolanos identicados con
el chavismo, podemos mencionar a: William Izarra, Jorge Olavarría, Jorge Giordani, Carlos
y Rigoberto Lanz, José Vicente Rangel, Haiman El Troudi, Alberto Muller Rojas, Luis Britto
García, Earle Herrera, Rafael Núñez Tenorio, Federico Brito Figueroa, entre muchos otros.
Algunos de estos asesores tomaron postura crítica contra el gobierno de Chávez al
considerarlo de corte populista militar y de no producir cambios radicales en la sociedad
venezolana (Favio Osorio, 2019), manteniendo la dependencia de la renta petrolera y la
economía capitalista parasitaria.
2.CHÁVEZ: ¿CAUDILLO MILITAR?
2.1. EL MILITARISMO
Entre los tantos calicativos que se le han dado a Chávez se encuentra el de caudillo
militar. A nuestro modo de ver, Chávez asentó su poder en tres bases fundamentales: el apoyo
de las clases populares, la creciente renta petrolera y la unión política entre el poder civil y las
fuerzas armadas. Como todos saben, Chávez no es un político tradicional, viene del ejército,
allí convivió durante más de dos décadas, su discurso, su accionar es en principio la de un
militar, no puede ser de otra manera (Ramos, 2018). Desde el alzamiento de 1992, sus aliados
son principalmente militares y luego en el inicio del gobierno son hombres provenientes
del mundo castrense. Desde la constituyente de 1999 y el plan de gobierno conocido como
Bolívar 2000, Chávez hizo de la unidad cívico-militar más que una consigna una acción de
gobierno. En su lexicalización utiliza términos propios del lenguaje militar como: batalla,
comandante, soldado, milicia, enemigo, combate, guerra de última generación, la idea de
“pueblo en armas”, “ciudadano soldado”, entre otros.
La nueva Constitución elimina el carácter apolítico y no deliberante de la Fuerza Armada
(Jácome, 2014). El Plan Bolívar 2000 surgió con el propósito de activar la recuperación del
país atendiendo a las necesidades de la sociedad y otorgándole recursos y proyectos a las
Fuerzas Armadas. El nombramiento de ociales activos y en situación de retiro en cargos
públicos de decisión tradicionalmente asumidos por civiles (ministerios, embajadas,
empresas, fundaciones, organizaciones públicas) que se conjuga con el nombramiento por
primera vez de un civil, José Vicente Rangel, como ministro de la defensa, para demostrar
que la institución militar se acerca y estrecha relación con la sociedad. Esta relación se
profundiza como consecuencia del golpe de Estado del 2002, lo que se evidenció en el
descontento de parte de algunos ociales de alto rango, a partir del cual se marca un nuevo
período de la institución militar, de acentuación de su participación política y de decisión en
asuntos públicos diversos, lo cual se conjuga con expresiones concretas de militarización de
la sociedad (Rodriguez, 2006).
Para Belmonte (2012), en el 2001 el presidente Chávez necesitaba superar la debilidad
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maniesta, en aquel momento, del Movimiento Quinta República (MVR), por lo que se
constituyen los Círculos Bolivarianos, que respondían -según él- al ideario bolivariano, a
una forma de organización política partidista, con la intención de dar forma a la llamada
democracia participativa y al Poder Popular. Luego en el 2011, con la reforma de la ley de la
FANB se crean las Milicias Bolivarianas (Milicia Territorial y Cuerpos Combatientes) con el n
de mantenerse al servicio y defensa de la revolución bolivariana en contra del imperialismo.
En este contexto Chávez fungía como el caudillo militar, el comandante supremo, en el
centro del proyecto cívico-militar, sin que nadie y nada le hiciera sombra, en este sentido,
desmontó todas las posibles competencias internas dentro del mundo de las FANB (Fuerzas
Armadas Nacionales Bolivarianas) con sucesivas purgas y escogencia de leales “hermanos de
la revolución”. Ahora los militares son un cuerpo político, parte de un partido, un colectivo
militar. Según Delgado (2013), se reformó la Ley de la FANB en abierta contradicción con la
misma Constitución Nacional para darle legalidad a la nueva ideología y funcionamiento
del sector militar. Unas FANB socialistas, revolucionarias y chavistas como se declaran
sus altos mandos. Es común ver y escuchar en los saludos protocolares utilizados en las
comunicaciones ociales del Ministerio del Poder Popular Para la Defensa, las coletillas:
“Bolivariano, Revolucionario, Antiimperialista, Socialista y Chavista”, “Patria, socialismo o
muerte” y “comandante presidente, ordene”.
Para Belmonte, desde un principio Chávez busca asesores que lo ayuden a preparar una
propuesta de gobierno cívico militar, para esto lo acompaña el sociólogo Argentino Norberto
Ceresole, quien fue asesor de Velasco Alvarado y Juan Domingo Perón. Ceresole denominó
en sus inicios a la experiencia chavista como de un modelo original “pos democrático”, la
forma que adopta el modelo venezolano, es el de la unidad nacional, el de la conuencia
pueblo-ejército (Alarcón y Álvarez, 2014).
2.2. EL CAUDILLISMO
Para el escritor Vargas Llosa (2007) «Hugo Chávez representó lo peor del caudillismo».
Para el ex secretario general de la OEA, José Miguel Insulza (2013) «Chávez fue caudillo no
dictador». Añadió que Chávez fue "un caudillo en la medida en que él era su movimiento…
la fuerza política de Chávez ha dependido de él, ahora vamos a ver hasta qué punto deja
un legado político" (p. 26). Los políticos e intelectuales opositores han utilizado diversos
calicativos al describir el liderazgo de Chávez o el “fenómeno” chavista: golpista, dictador,
fascista, autoritario, violador de los derechos humanos, comunista, caudillo, propiciador de
un modelo patriarcal, melodramático, ególatra, cursi, encantador de serpiente, bonapartista
(Fernando Ochoa Antich, 2011). En cuanto al chavismo como ideología ha sido acusado de:
petropolítica, neo-populismo carismático, monstruosidad ideológica, retórica histriónica,
militarismo, arcaísmo ideológico, «anacronismo político» (José Mendoza Angulo, 2001),
«mitología izquierdista» (Fernando Rodríguez, 2002), «laberinto ideológico» (Agustín Blanco
Muñoz, 1998).
Se acusa a Chávez de autoritario (Petkoff, 2010: 22), de intentar controlar todo el poder.
El sociólogo venezolano Trino Márquez, quien lo cataloga como una terrible herencia del
caudillismo latinoamericano, explica que la existencia del caudillismo está ligada a la ausencia
de instituciones fuertes, instituciones como el poder judicial y el parlamento que eviten el
desarrollado del presidencialismo como forma de Gobierno. Acusa Márquez que Chávez es
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una persona con una gran ambición de poder, tiene un culto desmedido por la palabra y para
darle algunos barnices ideológicos y políticos a esa personalidad, construyó el socialismo del
siglo XXI, que es una respuesta a la debacle del comunismo. Señala que Chávez cree que es
un mesías. Todas las revoluciones se han basado en un régimen personalista, sobre todo las
del siglo XX. Todas fueron hechas para instalar regímenes absolutistas.
Para el ex líder socialista, Teodoro Petkoff (2010), vivimos en una "autocracia", en donde el
presidente, elegido por voto popular, se vale de su carisma y de las bases populares para ir
recogiendo todas las puntas del poder sin dejarle, en la práctica, participación a nadie, que
es lo que hace una dictadura. Asegura que Chávez es el producto de un momento particular
de la historia venezolana, «un tipo suertudo, en donde la gente no creyó en los partidos
políticos del momento y por eso lo escogió» (p. 14). Pero para nada se dedica este analista
a explicar las razones de la llegada al poder del chavismo, por qué la gente no creyó en los
partidos políticos del momento, nada dice de la terrible crisis económica y el legado de
políticos corruptos y antipopulares, de los cuales él formó parte.
El caudillismo fue la expresión política más relevante en América Latina después de la
independencia, durante todo el siglo XIX y principios del siglo XX (Cardoza, 2015). El origen
de la palabra caudillo viene del diminutivo latino caput, que signica "cabeza", "cabecilla",
tanto en términos académicos como populares el término evoca al hombre fuerte de la
política, el más eminente de todos, situado por encima de las instituciones de la democracia
formal cuando ellas son apenas embrionarias, raquíticas o en plena decadencia. Se origina
por la necesidad de conseguir para la nación el orden y la estabilidad, que surgen cuando la
sociedad deja de tener conanza en las instituciones.
Para el historiador Pedro Castro (2007), los caudillos vienen generalmente del cuerpo
militar y descansan principalmente en los militares para su apoyo y sostenimiento. Y a su
vez, su permanencia en el poder depende en buena medida del control que ejercen sobre
la institución armada, en tanto la relación de fuerzas a su interior le sea favorable. De no ser
así, su principal aliado se convierte en su peor enemigo, y de aquí sigue su expulsión a través
de presiones o golpes de Estado. Los caudillos no han sido necesariamente gente con arreos
ideológicos o grandes proyectos de cambio social; su temeridad guerrera, sus habilidades
organizativas, sus limitados escrúpulos, su capacidad para tomar decisiones drásticas, los
convierten en los hombres del momento. Lograron organizar y ponerse a la cabeza de
cuerpos militares triunfantes, y en su momento gozaron de una apreciable legitimidad,
antes de que su signo político se eclipsara.
En Venezuela se ha hecho común aludir al estigma del “gendarme necesario” para
referirse a esta tendencia del venezolano en buscar en la gura de un hombre fuerte (civil
o militar) la salvación de la Patria frente a la incapacidad de las instituciones y personeros
políticos (Vallenilla, 1983). La gura de Bolívar y otros personajes de la independencia, son
símbolos empleados para la consolidación en el inconsciente colectivo de una promesa
no cumplida y que proyecta a la revolución bolivariana como fuente para alcanzar, en
denitiva, la soberanía como Nación, donde la institución armada se constituye en esencia
para la defensa de esa soberanía (Carrera Damas 2005 y Straka, 2009). La adoración casi
religiosa de los héroes míticos, especialmente de Simón Bolívar, ha sido el germen de una
personalización del poder político que se ha traducido en las perversiones del caudillismo
y del militarismo. Sin embargo, el mito ha tenido un poder enorme de movilización que
también ha contribuido al cambio social, político y cultural.
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3.CHÁVEZ Y LA ANTI POLÍTICA
Entre las acusaciones que se le hacen a Chávez está la de ser un caudillo militar
representante de la anti política. Como sabemos este hombre proviene del mundo militar
y para muchos la religión y lo militar son sinónimos de anti política. Esta percepción es
muy discutible, ya que la religión como institución, desde la humildad de un templo hasta
las máximas jerarquías eclesiásticas representa un poder, un feudo, poseen privilegios,
administran riqueza, históricamente han estado relacionadas al poder político y económico
del mundo. En el caso de los militares, no solo por legislación, como salvaguarda de las
personas, bienes materiales, e instituciones de un país, como custodia del armamento
nacional y garantes de la paz, han sido históricamente y es un cuerpo político beligerante,
aunque las leyes lo prohibieran sus decisiones y acciones han sido y son políticas. En Venezuela
este retorno de los militares al protagonismo en la escena del poder ha sido interpretado
como una dimensión más de la postura “antipolítica” que caracteriza al proyecto chavista
(Nahón, 2010).
Con este planteamiento estamos totalmente en desacuerdo. A nuestro modo de ver, esta
pretensión de acusar a Chávez de anti político persigue relacionarlo a la idea del caudillo
militar, dentro del “gorilaje” que caracterizó a América Latina en décadas pasadas. Es decir,
colocar al chavismo en el mismo orden de las dictaduras chilenas y argentinas, entre otras
(Cannon, 2013). En efecto, Chávez es visto como la anti política porque enfrentó radicalmente
al establishment, a lo que él denominó la cuarta república, luchó contra el populismo, la
democracia representativa, “los cogollos adecos y copeyanos”, el puntojismo. Cuestionó lo
que hasta entonces se consideraba “política” en Venezuela. Pero totalmente alejado de la
antipolítica.
Si alguien fue político fue Chávez, llevó al debate político absolutamente todo, no hubo
nada en el país que pudiera camuajearse, su discurso era permanentemente el de un
hombre político. La economía, la política, lo militar, lo social, lo cultural, fueron debatidos
como nunca antes se había hecho. En Venezuela llegó a su n el apoliticismo, con Chávez todo
era y es político, todo puede ser debatible, no hay dogmas. Por primera vez en la historia de
Venezuela todo el mundo puede opinar, debatir, deliberar sobre temas considerados “tabú”:
el petróleo, PDVSA, latifundio, militares, religión, educación, indígenas, afroamericanos, clases
sociales, socialismo, que eran solo abordados por los supuestos “expertos”, o grupos políticos
minoritarios, en forma casi clandestina. Todos estos temas fueron llevados al debate político,
fueron develados sus vínculos con las relaciones de Poder. Antes eran vistos como asuntos
neutros y apolíticos. Con Chávez se acabaron los temas tabúes, los intocables (Hernández,
2018).
No hay la menor duda del crecimiento y apoderamiento de la participación política
del venezolano. Desde los consejos de planicación local, consejos comunales, comunas,
asambleas vecinales, campesinas, obreras, gobierno y legislación “en la calle”, empresas de
cogestión popular, entre muchos otros mecanismos de participación directa y protagónica
como lo emana la Constitución Bolivariana de 1999. Por el contrario, sectores tradicionales
de la oposición y las élites (económicas, políticas, culturales y religiosas) han acusado
permanentemente al gobierno de “querer politizar todo”. Con las consignas “con mis hijos
no te metas”, “con mi propiedad no te metas”, “la propiedad privada no se discute”, “la religión
y la educación deben estar alejados del tema político”, “los asuntos petroleros y PDVSA no
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se tocan, son asunto de los expertos”, “en Venezuela no había luchas de clases, todos éramos
igualitos, un solo país”, “Chávez dividió a los venezolanos”, entre muchas otras, han creado la
plataforma ideológica adversa al chavismo (Méndez, 2015).
Con aciertos y desaciertos, como todo proceso, Chávez y el chavismo se han nutrido de
diversas ideologías, teorías y losofías políticas. Algunas de ellas contradictorias, propias del
proceso en formación y construcción. En estos años se constituyó un pensamiento político
hegemónico sobre su personalidad y acción política. Tanto para las inmensas mayorías que
le apoyaron como para quienes le adversaron, Chávez se convirtió en el eje de la política
venezolana (Rodríguez, 2010). Era una obviedad señalar que la principal opción política y
electoral de Venezuela tuvo como referencia central al presidente Hugo Chávez y que en
torno a su persona se dividen en gran parte las anidades de los venezolanos y venezolanas,
habiéndose convertido en la principal frontera que estructura lo político en Venezuela. Hasta
los líderes de la oposición, como Pablo Pérez, reconocen que: «El liderazgo de Chávez es
insustituible: En este momento no veo a nadie que pueda llenar ese vacío del liderazgo del
presidente, no lo veo» (Pérez, 2013, p. 37).
Desde la Academia Militar existen documentos escritos por Chávez y sus compañeros de
lucha: Árbol de las tres raíces, el Proyecto Nacional Simón Bolívar, pasando por la Constitución
Bolivariana de Venezuela, los principios de los partidos políticos que fundaron (MB200, MVR,
PSUV), hasta llegar al Plan de la Patria (2007-2013). Pero igualmente en miles de discursos
está plasmado un proyecto de país para las próximas décadas, la preocupación por constituir
un gobierno profundamente popular. El Proyecto Nacional Simón Bolívar propuso la jación
de un horizonte de tiempo máximo de veinte años, a partir del comienzo de las acciones
transformadoras de la situación inicial, para que los actores y las acciones se ubiquen en el
objetivo estratégico (Chávez, 2013).
Tan temprano como 1991- en el contexto neoliberal y un años antes de la rebelión militar
protagonizada por él- ya Chávez reexiona en torno a la necesidad de un proyecto de país,
revindica el papel de las ideologías y clama por un proyecto autóctono. Durante años Chávez
carece de «partido». Primero fue el MBR-200 (Movimiento Bolivariano 200) constituido en
1983, con el que organizó la insubordinación militar de 1992. La fundación posterior del
Movimiento Quinta República (MVR) en 1997 obedeció a un propósito meramente electoral.
Sería en el 2007, cuando se constituye el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), lo
que se constituiría en la base partidista e ideológica del chavismo (Vidal, Ansaldo & Cea,
2018).
En las bases programáticas del PSUV (artículo 2) declara que su propósito es la construcción
del Socialismo Bolivariano, la lucha antiimperialista, anticapitalista y la consolidación
de la democracia bolivariana, participativa y protagónica, mediante el reconocimiento y
fortalecimiento del Poder Popular. En el artículo 3, dedicado a los valores y principios, señala
que:
…se constituye como partido socialista, arma la sociedad socialista como única
alternativa para superar el sistema capitalista. Asume como fuentes creadoras los
pensamientos y las obras de Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora. De
igual manera toma los principios del socialismo cientíco, el cristianismo, la teología
de la liberación, todo el pensamiento universal crítico y humanista, la equidad y
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la igualdad de género y la obligación ética de construir un modelo respetuoso
de la vida y de la madre tierra que garantice la sobrevivencia de la humanidad.
Como partido pluriétnico y en pluridiversidad, nutre sus raíces de la afroindianidad
legadas por Guaicaipuro y José Leonardo Chirino, todo ello inspirado en el liderazgo
fundamental e ideas revolucionarias del Comandante Hugo Chávez, dirigidos a
crear el hombre nuevo y la mujer nueva en un crisol de esperanzas y de sueños
que hacen de nuestro socialismo un socialismo mestizo, cargado de africanidad, de
los elementos propios de nuestros pueblos indígenas, con la visión internacional
que ha tenido como máximo exponente a Francisco de Miranda.(PSUV,2007, en
línea).
4.CHÁVEZ Y EL MARXISMO
Como se ha señalado, la sustentación ideología-doctrinal del socialismo del Siglo XXI
en sus primeros momentos ha sido muy confuso. Solo al nal de su vida Chávez asume
el marxismo (2010). Por el contrario, en el 2007 llama a sus partidarios a alejarse de esta
corriente: «El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) no tomará las banderas del
marxismo-leninismo porque es una tesis dogmática que ya pasó y no está acorde con la
realidad de hoy'(…). “Fidel es marxista-leninista. Yo no. Fidel es ateo. Yo no» (Chávez 2007, p.
4)). Sin embargo, a pesar de este aparente alejamiento del marxismo- que, a nuestro modo
de ver, parecía más por temor a la reacción de los venezolanos cercanos unas elecciones que
por convicción política- vemos en el presidente, sobre todo a partir del 2003, una política
social claramente clasista, reivindicando las luchas de clase, el papel de la clase trabajadora,
el antiimperialismo y anticapitalismo. Así lo expresa Chávez en una entrevista en el año 2005:
Aquí está en marcha un modelo alternativo al capitalismo, estamos impulsando un
modelo económico distinto, cuyos impactos apenas están comenzando a sentirse
porque es un proyecto de largo plazo, estamos en una fase de transición y eso es
importante, que todos y todas lo reconozcamos con claridad. (…) Le vamos a dar
un porcentaje de acciones a los propios trabajadores para que sean co-dueños
junto al gobierno, junto al Estado, de esos activos y de esas empresas que están
naciendo… Así que de esta manera estaremos pronto transformando el modelo
socioeconómico, el capitalismo, el neoliberalismo, hacia un modelo distinto,
de economía social productiva de cogestión, de autogestión obrera, donde los
trabajadores y trabajadoras tengan un rol esencial y fundamental en el impulso de
la nueva economía al servicio del ser humano, para irnos alejando del capitalismo,
del neoliberalismo salvaje (Cabieses, 2005, p. 34).
En 2010-fuera ya de la presión electoral- lo vemos asumiendo plenamente el marxismo:
«Por primera vez asumo el marxismo, como asumo el cristianismo y bolivarianismo. Asumo el
marxismo, asumo el bolivarianismo, el martianismo, el sandinismo, el sucrismo y mirandismo.
Pero el marxismo es sin duda la teoría más avanzada en la interpretación de la historia, de la
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realidad concreta de los pueblos» (Chávez, 2010, p. 2).
Compartimos plenamente con Antonio Aponte quien señala:
Nadie antes consiguió llevar la idea y la práctica de la transformación radical de
la sociedad tan lejos como Chávez. Nadie consiguió difundir a tan altos niveles
la discusión sobre el Socialismo. Nadie colocó al pueblo en el camino de la
construcción de otro mundo. Nadie nunca desarrolló una política internacional que
modicara radicalmente las relaciones entre los pueblos, sustituyendo la relación
mezquina comercial, por la relación fraterna de las naciones. En resumen, nadie
cumplió a tan elevados niveles el precepto marxista de: “transformar al mundo,
más que contemplarlo” (Aponte, 2010, p. 1).
5.CHÁVEZ Y EL NEO POPULISTA
La socióloga Nelly Arenas considera al régimen de Chávez propio de un nuevo tipo de
populismo, populismo posmoderno, que representa las nuevas expresiones populistas que
están emergiendo en el mundo a la luz de la bancarrota de la modernidad aunado a la crisis
económica mundial, el debilitamiento del estado social o Estado de Bienestar, lo que, a su
modo de ver, implica un nuevo consenso en torno de dos polos: el mercado y la «preferencia
nacional» (Arenas, 2002). No tenemos la menor duda de que al principio del mandato de
Chávez esta ha podido ser una apreciación valida.
El mismo reconoció ser simpatizante de “La Tercera Vía”: «En una época llegué a pensar
en la tercera vía. Andaba en problemas para interpretar el mundo. Estaba confundido,
hacía lecturas equivocadas, tenía unos asesores que me confundían todavía más. Llegué a
proponer un foro en Venezuela sobre la tercera vía de Tony Blair. Hablé y escribí mucho sobre
un ’capitalismo humano’» (Cabieses, 2005, p. 39). Pero después del golpe de estado (2002)
y la huelga general (2002-2003) esto quedó en el pasado. A nuestro modo de entender,
denominar al chavismo y otros movimientos políticos latinoamericanos como populista es
otro calicativo utilizado para negar la presencia eminente de proyectos socialistas en la
región.
Según Enrique Neira Fernández (2006), el discurso, el estilo, los gestos demagógicos
suelen confundirse con populismo. En nuestra región hay ejemplos recientes de retorno
de líderes neopopulistas como Collor de Melo en Brasil, Carlos Menen en Argentina, Alan
García y Alberto Fujimori en Perú, Abdalá Bucaram en Ecuador. Este autor primero vincula el
populismo con actos de demagogia, cayendo en la tradicional y burda forma de interpretar al
populismo como solo mecanismo de manipulación. Segundo, pretende meter a Chávez en
el “mismo saco” de los que él denomina como neo populistas (Menen, Alan García Fujimori,
entre otros). Y tercero, para él todo “conductor de pueblo” es un demagogo.
En este mismo orden, Marcela Padilla parte de la idea de que un liderazgo populista
se dene a partir de una serie de características, entre las que cabe mencionar: la relación
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La ideología chavista: ¿qué es el chavismo?
basada en un intercambio clientelar y patrimonialista, en la que el clientelismo es denido
como: «las diferentes formas en que los políticos distribuyen trabajos públicos o favores
especiales a cambio de apoyo electoral» (2008, p. 29).
A diferencia de los populistas de antaño, los neopopulistas utilizan un estilo
comunicacional estratégico, que apunta a satisfacer las esperanzas y a ganar la
conanza de una clientela sobre la base de la armación absoluta de una realización
de sus expectativas sociales. Esto se ve claramente en la política de Chávez con la
creación de su programa AlóPresidente. La llamada populista se dirige a todo el
pueblo, a todos aquellos que siguen en silencio y la miseria real o virtual. Hay en
este llamado, la evocación de los grandes mitos fundadores, ahí está su poder y su
razón de ser. Los símbolos juegan aquí, un formidable rol de reconocimiento. El
liderazgo de Hugo Chávez se debe a tres pilares fundamentales, revivir el pasado
a través de las hazañas realizadas por Simón Bolívar lo que representa para la
sociedad venezolana un fuerte arraigo y creencia en todo lo que se haga bajo ese
nombre. Las redes clientelares formadas a través de las misiones bolivarianas y el
puente emocional que mantiene en contacto directo a Chávez con sus seguidores a
través de los medios de comunicación que utiliza para difundir su discurso (Padilla,
2008, p. 33).
Para esta autora la identidad del pueblo con Chávez se debe a “las redes clientelares” y al
“puente emocional” a través de los medios de comunicación. Para nada hace mención a la
gestión de gobierno, solo se remite al chavismo como discurso e imagen. Durante el gobierno
de Chávez se crearon nuevas instancias de organización popular y lo más importante con las
políticas económicas como las nacionalizaciones, cooperativas y los cambios legislativos se
ha estimulado la democratización económica. No hay duda, a pesar de la terrible situación
actual, que la clase trabajadora mejoró su capacidad adquisitiva entre el período 2004 y 2012;
especialmente los sectores de menores ingresos, quienes se beneciaron del incremento
sucesivo del salario mínimo y fueron favorecidos por las transferencias directas en servicios
gratuitos de salud, educación y las misiones sociales.
Por otra parte, el historiador Pedro Castro establece una diferencia entre viejos y nuevos
caudillos:
Una línea que distingue a los "viejos" y a los "nuevos" caudillos es su manera de
ejercer el poder. Los caudillos decimonónicos tenían escasa o nula noción del
signicado de la legitimidad; de manera contraria a los del siglo XX, ya que muchos
de estos accedieron al poder por medios democráticos e hicieron uso generoso de
las políticas de masas y de los recursos estatales a favor de los "desposeídos" a n de
atraer, mantener y refrendar su apoyo, en lo que se ha llamado "populismo”(Castro,
2007, p. 13).
Es decir, según Castro, el caudillismo a principios del siglo XX fue convirtiéndose en
populismo:
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…la característica esencial del caudillo del siglo XX es su naturaleza populista.
Lázaro Cárdenas, Juan Domingo Perón y Getulio Vargas fueron sus prototipos.
Ellos llevaron en forma paralela dos políticas aparentemente contradictorias: una
fue el estímulo vigoroso a la capitalización nacional y a la promoción de empresas
nacionales, incluidas la construcción de industrias de carácter estratégico. El otro
fue la coordinación más o menos afortunada del libre juego de capitalismo privado,
con un paternalismo progresivo en políticas sociales para benecio de las clases
laborantes (Castro, 2007, p. 13).
Concretamente sobre Venezuela y el liderazgo del presidente Chávez señala:
El presidente Chávez, hoy por hoy, es el único personaje eminente de la política
latinoamericana que puede ser llamado caudillo, por compartir si no todos, algunos
de los rasgos de quienes se convirtieron en paradigmas en otras épocas. Hemos
excluido deliberadamente a Fidel Castro en nuestras consideraciones, debido a
que, si bien tiene algunos rasgos propios del caudillo populista, no es poseedor de
todos, quizás ni siquiera de la mayoría. Por otro lado, el presidente cubano, pese a
todo, pertenece en todo caso a otra categoría de líderes, más propios del mundo
socialista; es decir, conductores de revoluciones radicales. Solamente por abuso
o mala fe podría equipararse a Castro con los personajes que hasta ahora hemos
mencionado (Castro, 2007, p. 14).
Es decir, todas las transformaciones sociales y políticas de la revolución venezolana no
alcanzan el estatus de ser consideradas de corte socialista sino populista o neo populista,
como lo llaman en los últimos años.
López Maya ha comparado el populismo radical del trienio adeco (1945-1948) con el
populismo radical chavista. Según ella, ambos comparten las siguientes características:
1) un discurso confrontacional (términos como “escuálidos”, “corruptocracia puntojista”,
“neoliberales salvajes”, entre otros, empleados recurrentemente por Hugo Chávez, reejan ese
estilo), 2) con un contenido nacionalista, antioligárquico y antiimperialista, 3) de inclinación
izquierdizante, y 4) para promover un “cambio estructural” de la sociedad en el mediano y
largo plazo. Según esta autora, otro de los aspectos presentes en el movimiento chavista
que remiten a los viejos populismos es el “fervor nacionalista” que ha (re)activado desde que
llegó al poder en 1998 (López, 2009). Es decir, el nacionalismo es visto en forma negativa:
ser nacionalista es populismo, por ende, representa un signo del pasado, en contra de la
modernidad.
Autores como Conniff (2003) señala que en los últimos años ha surgido un tipo de
populismo particular que hasta la fecha no había tenido presencia en la región: el militarismo
populista, arma que Venezuela está en presencia de una vuelta del militarismo después de
su defenestración por varias décadas. Este sería un militarismo con retórica izquierdista que
guarda mucha semejanza con el primer gobierno de Perón, a pesar de que el líder argentino
no exhibió inclinación especial por ideas de arraigo socialista. A nuestro modo de entender,
este es otro calicativo utilizado para negar la presencia eminente de proyectos socialistas
en América Latina. Todo lo que sea a izquierda, se remonte a nuestras raíces históricas y se
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pronuncie en favor del pueblo y la nación es también populista.
Para Arenas, Chávez al igual que Perón, ha desplegado a lo largo de su actividad política
un discurso que se identica básicamente por su antielitismo: contra los partidos políticos,
contra la iglesia, contra los medios de comunicación, contra los empresarios, contra los
viejos sindicatos. «cúpulas podridas» es el calicativo que Chávez ha empleado desde los
días de campaña electoral para designar a los representantes del antiguo establishment.
Este discurso antielitista se apoya en una lógica divisiva de la sociedad, a partir de la cual se
construyen nudos antagónicos que oponen en el imaginario al pueblo contra la oligarquía
y a la Nación contra el imperialismo. De allí que el ataque contra los factores de poder no se
agote en los espacios domésticos (Arenas, 2005).
Si alguien salió de los llamados “espacios domésticos” fue Chávez, no solo por la sólida
fundamentación histórica, teórica y losócas de la mayoría de sus posiciones, sino que llevó
su pensamiento y acción a escala mundial: la integración latinoamericana, el tercermundismo
y la concepción anti imperialista. Para nosotros, neo populista fue Fujimori y Menen. No
obstante, para Arenas, el gobierno de Chávez tiene más de los viejos populismos, al mejor
estilo de Perón y Vargas, que de los nuevos. Dice que, en todo caso, sería un populismo
militarista. Agrega que el fanatismo por el libertador Simón Bolívar es común en regímenes
que buscan la adhesión al caudillo, a n de lograr aumentar el poder político y lograr la
sujeción de sus seguidores a los planteamientos del régimen que se quiere imponer.
Según la autora, el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela combina rasgos tanto del
populismo histórico como de un populismo de generación reciente que algunos sociólogos
denominan «neopopulismo». La novedad está en que, a diferencia de los viejos populismos,
Chávez ha probado ser muy afecto al militarismo. Al igual que otros movimientos de este
corte, el gobierno chavista mantiene una relación ambigua con las instituciones democráticas
y un acentuado inmediatismo que mina la institucionalidad y la democracia misma. Allí
pueden ubicarse las razones que explicarían el deslizamiento de los populismos delegativos
hacia formas autoritarias propensas a reproducir esquemas totalitarios de gobierno.
En este mismo orden, el politólogo venezolano Alfredo Ramos (2006) señala que en
nuestro país se ha dado un desplazamiento de la democracia electoral por la democracia
plebiscitaria, en la búsqueda de la legitimación del poder a través de las continuas elecciones
y referendos, permitiendo al gobierno actuar directamente en nombre del pueblo que le
delega su poder, sin controles o equilibrios.
6.CHÁVEZ: MÁS ALLÁ DE LO CARISMÁTICO
Para Ana Teresa Torres hay una división de opiniones acerca de si el liderazgo de Hugo
Chávez es político, carismático o religioso. Ella no percibe contradicciones infranqueables
entre estas posturas. Es todo a la vez.
Un liderazgo mantenido por catorce años invita a preguntarnos de qué fuentes
surge el poder del líder para sostener la delidad de la masa durante tanto tiempo
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y a pesar de la precaria gestión de gobierno. Hay dos fuentes que saltan a primera:
el poder económico y el poder político. No hay mucho que agregar sobre esto
porque es obvio. Si partimos de la denición de que las masas siguen a Hugo Chávez
porque les brinda (o promete brindar) apoyo directo a sus necesidades básicas,
que son prioritarias en sectores pobres o pobrísimos de la sociedad, y continuamos
con la denición de que esas masas están controladas por un poder político sin
barreras ni cortapisas, estaremos, sin duda, diciendo algo cierto y evidente. Pero si
eso es lo único que mantiene la delidad al líder, entonces tendríamos que pensar
que estamos deniendo a esas masas como un conjunto de cuerpos vacíos que
solamente responden a la inmediata necesidad y al control intimidatorio de los
mecanismos del poder (2011, en línea).
Para la autora, es en el terreno de la subjetividad donde se ancla la tercera fuente de
poder del líder: el poder simbólico.
¿En qué se asienta este poder? ¿Cómo se expresa? Los efectos son intangibles,
pero su vehículo es perfectamente visible y asible: en el discurso. En las palabras.
En los instrumentos simbólicos que disponemos para construir nuestra identidad
(…). Es tarea de los politólogos denir las características de esa ideología, de esa
construcción política que ha creado Hugo Chávez, y que tiene cualidades muy
particulares que no se dejan fácilmente asimilar a las ideologías estándar estudiadas
por las teorías políticas. (…) Si corremos a denirlo como una sarta de palabrería
sin sentido, una habladera de pistoladas, como se dice en criollo, no podemos
continuar. El prejuicio nos impide comprender (2011, en línea).
La autora se reere a dos vértices fundamentales del discurso chavista: histórico-
nacionalista-bolivariano, y por el otro un discurso redentorista-cristiano-socialista:
Si levantamos la hojarasca de su verbo encendido podemos distinguir que el discurso
tiene dos vértices básicos: por un lado, es un discurso histórico-nacionalista-
bolivariano, y por el otro un discurso redentorista-cristiano-socialista. Hay que
hacer una salvedad, y es que en ninguno de los casos el discurso corresponde
palabra por palabra a la base teórica de la que proviene. Es un discurso compuesto
de apropiaciones y reapropiaciones de discursos “mayores”, hasta cierto punto
universales, pero crea un nuevo producto, único y solo parecido a mismo. Este
discurso ha construido una versión histórica de Venezuela, que no hace falta que
avalen los historiadores; la veracidad histórica no tiene importancia a los nes
de la retórica política. Es la historia de Venezuela, tal como el líder la entiende y
como la recibe la masa. Tiene efecto simbólico en tanto es un gran relato nacional
cuyo protagonista es el pueblo oprimido y engañado por las elites durante cinco
siglos que nalmente encuentra su liberación. Simple, poco veraz, pero efectivo
(…). Quien es chavista es también bolivariano, socialista y cristiano. O al revés. Los
conceptos se intercambian y se hacen sinónimos, a pesar de las contradicciones
que puedan contener. Es un conjunto de signicantes que ota en el discurso y que
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cada receptor capta de acuerdo a su propia subjetividad (Torres, 2011, en línea).
Nadie puede poner en duda el liderazgo que tuvo Chávez, no solo a nivel nacional sino
llegando a escenarios internacionales su presencia no pudo ser desapercibida. Ser un líder,
ser un conductor de pueblo no es nada fácil. Llegar a la gente, crear un sentido de unidad
nacional (inclusive a través de la polarización política) no es tarea sencilla y Chávez lo fue. Pero
no podemos caer en el simplismo manipulador de quienes perciben a este líder solo como
un personaje carismático. Chávez dominó a plenitud el rol de comunicador, era entendido
y escuchado por todos (Méndez, 2015), pero no eran solo palabras huecas, trasmitía un
mensaje, un proyecto de país y de mundo (llenas de contradicciones y ambigüedades, como
es lógico en un proyecto político con pretensiones de autónomo y autóctono).
En todas estas posturas de acusar a Chávez de caudillo militar o populista carismático lo
que se busca es negar su verdadero papel histórico, como a quien le tocó rescatar al socialismo
de la muerte que se le había decretado. Pero en estas críticas no se reconocen méritos a
Chávez ni al chavismo, se parte de una negación absoluta a su gobierno, su pensamiento y
acción, cayendo en un infantilismo radical de derecha que no permite entender el proceso
chavista. Tuvo carisma sí, pero no fue solo un líder carismático. Chávez superó por mucho
el estilo de un líder carismático y sería profundamente injusto y miope decir que fue un
líder carismático, ya que este tipo de sujeto suele servirse casi exclusivamente de resortes no
racionales y no conscientes.
Compartimos con Colombet, quien considera no se puede dar cuenta cabalmente de su
liderazgo solamente desde el prisma del populismo:
Debemos rescatar en primer lugar que el pensamiento chavista – lejos de las
simplicaciones relevadas por los medios de comunicación – es en rigor de verdad
bastante más complejo por la mezcla de inuencias que presenta. La impresión
de no poder resumir al chavismo bajo una sola etiqueta, la dicultad también que
muchos opositores sienten a la hora de confrontarse de manera coherente a
Chávez, se debe precisamente al carácter sincrético de su pensamiento (Colombet,
2009, p. 24).
El intelectual norteamericano James Petras dene a Chávez como «político realista
dispuesto a hacer uso de las prerrogativas del poder Ejecutivo para defender las reglas de la
democracia popular» (Petras citado en Colombet, 2009, p. 26). Por su parte William Castillo,
señaló que el liderazgo del presidente Hugo Chávez no puede ser evaluado sólo en términos
de carisma y de relación mágico-religiosa. Entrevistado en el programa Toda Venezuela,
que transmite Venezolana de Televisión, Castillo indicó que esta tesis obvia «algo esencial,
que es que Venezuela está viviendo un profundo cambio cultural, aquí hay una elevación
del nivel de conciencia, este es un país culto, que lee, que discute y habla de política, y es
capaz de descifrar las claves de la realidad en términos ideológicos» (Castillo, 2012, en línea).
En esta misma tónica, el periodista Rangel ha señalado que “su liderazgo no descansa sólo
en su carisma, sino también en su preparación política, «Se equivocan al tildarlo de líder
carismático, lo mismo le decían a Carlos Andrés Pérez» (Rangel, 2013).
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7.EL CHAVISMO COMO PROCESO IDENTIFICATORIO
Con la crisis del rentismo el Estado perdió la legitimidad que la distribución de la
renta petrolera le había otorgado y comenzó a jugar un papel más que represor que de
conciliador. Al consolidarse las tendencias neoliberales en el plano económico, el Estado y
los partidos deben disminuir en forma signicativa su presencia (Cuñarro y Cuñarro, 2017).
Hemos dicho cómo ante esta situación una “Clase política” se niega a perder poder, cerrando
cualquier espacio de participación. Los intentos fallidos por reformar el Estado, avanzar en
la descentralización, fueron demostración de la intolerancia política de las agrupaciones
tradicionales. Igualmente, ante la expansión neoliberal el aparato político tiende a
desideologizarse y convertirse en instituciones pragmáticas, solo preocupadas por el buen
funcionamiento de los mecanismos del mercado y el cómo garantizar el “orden social”. Así
se observó en los últimos años de la democracia representativa (1958-1998) la constitución
de un grupo de tecnócratas ocupando puestos claves en organismos públicos (Parra, 2011).
En el contexto del proceso revolucionario encabezado por Chávez desde 1999, se inició
una política de reivindicación de los excluidos, no solamente otorgándole poder económico
y político, sino reconociendo su papel en la historia. Desde el discurso presidencial, pasando
por los programas de estudios de las nuevas universidades, la Misión Cultural y las otras
misiones educativas, el Centro Nacional de Historia, los nuevos medios de comunicación,
se ha hecho todo un esfuerzo por rescatar y reconocer el papel del saber popular y toda la
historia de la mayoría de la población que fue sometida, no solo económica y políticamente,
sino marginados de la historia (Romer, 2014).
Desde el rescate de la historia y geografía, la revalorización del legado indígena y africano,
del saber popular, los planes de desarrollo endógeno y la articulación del territorio nacional.
Pero no solo en lo económico e histórico el chavismo logra contribuir con el proceso de
identicación del venezolano, también en los aspectos sociales y políticos (Hétier, Rodriguez
y Pargas, 2014). El venezolano tomó conciencia de su situación en la estructura de las clases
sociales, el papel de la burguesía, la clase media y los trabajadores, la democracia protagónica
y el Poder popular. Hay un gran avance en la estima del venezolano, en la consciencia social
y política.
Como hemos armado a lo largo de este trabajo, el carisma de Chávez, su discurso
apasionado y diáfano es un elemento a favor de la construcción de procesos de identicación
del venezolano con el líder (Cañizalez, 2012). Chávez fue, en sí mismo, un medio de
comunicación imposible de ignorar y ahora de obligada referencia: buena voz, buen discurso;
irreverente y ocurrente, demostró que acaso la tecnología puede ser accesoria, pero no las
ideas (Colomine, 2013). Pero Chávez y el chavismo no son solo discurso, es acción, es un
programa político: la construcción del socialismo. Para quienes solo vinculan a Chávez con
la lógica populista, arman que:
…la articulación discursiva del líder del movimiento se presentaría como un vehículo
ideal para la transmisión de símbolos, imágenes y signicados que coadyuvarían a la
creación de nuevas identidades sociales y políticas. A través del uso de signicantes
vacíos y de la articulación de una serie de demandas sociales en una cadena de
equivalencias, el líder tendría la capacidad de crear un “pueblo” al articular el
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La ideología chavista: ¿qué es el chavismo?
descontento de distintos sectores de la sociedad y contraponerlos a un “enemigo”
común. En este sentido, pareciera que las estrategias comunicacionales del
actual gobierno, particularmente aquellas donde interviene el presidente Chávez
directamente como en sus numerosos discursos o alocuciones públicas y en su
programa dominical “Aló presidente”, serían potenciales vehículos para la difusión
de símbolos, imágenes, contenidos y representaciones proclives a la construcción
y asentamiento de nuevas identidades (Hurtado, 2009, p. 221).
Según esta visión, las misiones bolivarianas y todo el proceso de distribución popular de la
renta petrolera se han convertido en la propuesta principal en materia de política social del
gobierno del presidente Chávez. Estos mismos críticos, especialistas en análisis del discurso,
atacan por igual las permanentes referencias al pasado histórico por parte del presidente
Chávez, calicándolas de “miticación del pasado”. Es decir, hablar del paso de la historia
también es negativo, según estos analistas (Kozak, 2015).
Las identidades políticas surgen en la confrontación ideológica. Al decir de Jorge
Sanmartino (2013) las ideologías son espacios de disputa, ambivalentes, un campo semántico
complejo y conictivo; allí algunas ideas brotarán más directamente de experiencias
clasistas, otras menos. Por su parte, al constituir articulaciones ideológicas las clases
adquieren compromisos ideológicos con otras clases, así como económicos y políticos. La
formación ideológica de una clase nunca está ligada directamente a una “naturaleza social”
aunque ella sea su fundamento material -en concordancia con su posición de clase-, sino
a la relación que en la lucha histórica ha tenido con el resto de las clases sociales. Entre las
críticas que desde la derecha se les hace a los gobiernos progresistas de izquierda está la de
la intolerancia, los acusan de no buscar el consenso y el diálogo. Con este pretexto la derecha
persigue limitar el proceso de trasformación. Los “pactos sociales” se convierten en un freno
al progreso del socialismo. El socialismo está enfrentado al capitalismo, es una confrontación
que se termina cuando uno liquida al otro. Al decir esto, la derecha inmediatamente señala
que es una declaración de “guerra”.
Para dejar las cosas claras: la identidad política no la construye el estado, sino el
conicto político, porque en dichos conictos los sujetos se identican y articulan
expectativas y deseos y construyen fronteras simbólicas con sus adversarios. Una
identidad política posee un “futuro” cuando puede construir una frontera radical con
su adversario, cuando lo que representa o busca no puede ser lo que representa o
busca su contrario. Como si estos vocablos pudiesen detener, o cerrar el conicto
que encierra cualquier ampliación de derechos. Mejor dicho, el “consenso no es
otra cosa que el intento de forjar una identidad. Es decir, para su construcción se
apela al “consenso” frente al conicto y el “diálogo” frente a la “arbitrariedad”. Por lo
tanto, los “consensualistas” sólo pueden armar su identidad en el conicto con un
adversario “conictivo””. (Sanmartino, 2013, en línea).
Chacón y Errejón (2013) sintetizan los rasgos que su parecer, caracterizan al chavismo
como proceso identicatorio: 1-La preeminencia de lo popular como núcleo de la
comunidad política nacional. 2-Una resignicación soberanista, popular, latinoamericanista
y antiimperialista del nacionalismo venezolano.3- La unión cívico-militar. 4- Redistribución
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de la riqueza petrolera. 5- Revalorización de la política en tanto que construcción pública y
reivindicación de la democracia como ejercicio permanente y protagónico de la soberanía
popular. 6- Una resignicación popular e híbrida de la religiosidad cristiana, con la
reivindicación de Cristo como un revolucionario y de la comunión entre su humanismo y los
postulados socialistas, desde una teología heterodoxa. Dicha combinación ha ayudado sin
duda a su masicación y su conversión entre una suerte de sentido común entre los sectores
más pobres de la sociedad. 7- El liderazgo del comandante Hugo Chávez y la identicación
afectiva con él son un componente central del discurso chavista y sin duda el elemento
de referencia común que más estructura este espacio, e incluso el de sus adversarios. Se
ha construido una relación directa de representación de masas en torno al nombre propio
de Hugo Chávez, que designa ya un nombre común, una lealtad compartida y una mística
generadora de un enorme caudal de energía política cuyos efectos son determinantes en la
vida de Venezuela.
Solo diferimos de estos autores en lo referente al cristianismo, consideramos que la carga
tan grande del cristianismo en el chavismo ha causado obstáculo en la consolidación de la
conciencia socialista. El chavismo matizado y edulcorado de bolivarianismo, cristianismo,
humanismo, “buen vivir” suena menos radical, más nuestro. Por eso las ambigüedades con el
marxismo, entre el autoritarismo militar o el demócrata, el revolucionario o reformista.
8. A MODO DE CONCLUSIÓN
En 1998, Hugo Chávez llega al poder con un discurso nacionalista enfrentado al
neoliberalismo. En la campaña electoral y en su primer año de gobierno simpatizó con la
propuesta de La Tercera Vía de Tony Blair. No es hasta abril del 2005 cuando por primera
vez avisó de la posibilidad de enrumbar a Venezuela por el Socialismo del siglo XXI. Hasta
esa fecha era un discurso nacionalista con profunda vocación humanística y cristiana, pero
ecléctico, que en muchos casos convivió con el populismo. A pesar de unas reformas legales
hasta ese momento el proyecto de gobierno no estaba claramente denido, había ya un
discurso anticapitalista pero no estaba constituido el proyecto de país.
Chávez es visto como la anti política porque enfrentó radicalmente al establishment, a
lo que él denominó la cuarta república. La pretensión de acusar a Chávez de anti político
persigue relacionarlo a la idea del caudillo militar, dentro del “gorilaje” que caracterizó a
América Latina en décadas pasadas. Si alguien fue político fue Chávez, llevó al debate político
absolutamente todo. No hay nadie en la historia de este país que haya contribuido más con
la formación y organización política del pueblo que el presidente Chávez.
Chávez no se denió como marxista y por el contrario en el 2007 llama a sus partidarios a
alejarse de esta corriente. Sin embargo, a pesar de este aparente alejamiento del marxismo-
que, a nuestro modo de ver, parecía más por temor a la reacción de los venezolanos--
vemos en el presidente, sobre todo a partir del 2003, una política social claramente clasista,
reivindicando las luchas de clases, el papel de la clase trabajadora, el antiimperialismo y
anticapitalismo. Ya en el 2010 retoma la importancia del marxismo como doctrina política.
El chavismo si bien tiene una fuerte sustentación en la renta petrolera sería no solo
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mezquino sino ingenuo calicarlo solo de régimen populista. Sin dudas construyó un poder
simbólico, pero su legitimidad no radica solo en lo simbólico. Chávez fue un hombre frontal
en el discurso y la acción. Señalado lo anterior y a la luz de la actualidad, es necesario armar
y concluir que el proyecto socialista en Venezuela, si bien ha tenido algunos importantes
avances y quiebre del modelo político socialdemócrata, no ha podido romper con la
dependencia del rentismo petrolero al que está atado, predomina la gura central de un
liderazgo y el papel centralista del Estado, lo cual a la muerte de Chávez (2013) se puso en
evidencia.
Si bien es cierto que desde el inicio de este gobierno hay toda una política y un discurso
a favor de la soberanía nacional, tampoco es menos cierto que no se ha logrado la añorada
soberanía económica ni siquiera cercanamente. En lo político se le acusa de restarle papel y
subordinar a la participación política popular, en lo social cultural asumir la postulación de
la pobreza como modelo y de confundir el socialismo con distribución de la renta petrolera,
lo que conlleva a una economía de reparto y distribución y no de producción. Todo esto
aunado a los altos índices de ineciencia y corrupción. Pero con todas sus debilidades y
contradicciones ha logrado sostenerse, a pesar de las constantes crisis y amenazas internas y
externas, pero esto escapa al propósito de este trabajo.
REFERENCIAS
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