
Revista ProPulsión. Interdisciplina en Ciencias Sociales y Humanidades
VOLUMEN II/ NÚMERO 2/ AÑO 1/ ISSN 977245257580/ PÁGINAS 84-98/ RECIBIDO: 25-11-2020/ APROBADO: 06-01-2022/ www.revpropulsion.cl
95
Revista ProPulsión. Interdisciplina en Ciencias Sociales y Humanidades
para formular los cambios que luego se van a formalizar constituyó un símbolo de lucha
organizada, un vínculo sociedad y currículo evidente y una posibilidad de llegar a cambios
que trizan la estructura del sistema actual (Burgos, 2017).
La protesta en Chile en el 2011 fue la consecuencia de movimientos de lucha realizados en
las dos décadas anteriores en protesta contra un sistema educativo privatizado y generador de
desigualdades sociales, particularmente teniendo como antecedente la llamada “revolución
de los pingüinos” del 2006. En contrario, la protesta en Venezuela 2014 no tuvo antecedentes,
ocurrió como un rayo en cielo despejado. El antecedente eran las derrotas electorales de
la oposición en octubre y diciembre de 2012 y abril y diciembre de 2013. Y las reuniones
conciliatorias entre gobierno y oposición realizadas en el palacio de gobierno a nes del
2013. La Guarimba fue “fabricada” articialmente, impuesta probablemente por presiones de
gobiernos extranjeros, agencias de inteligencia y compañías multinacionales.
Mientras la protesta de los estudiantes chilenos mantuvo siempre un amplio pliego
de exigencias referidas a conquistar la gratuidad educativa y acabar con el lucro, por una
educación de calidad, democratizar el acceso a la educación superior y crear una carrera
docente, entre las principales, en el movimiento venezolano nunca se formuló ninguna
exigencia referida al sistema educativo, y la difusa idea de la “salida” de Maduro del poder
tampoco fue una consigna expresada con claridad por una dirigencia estudiantil que
además nunca presentó un bloque unitario de representantes nacionales por universidades y
organizaciones gremiales, sino que mantuvo siempre una vocería vinculada a los activistas de
partidos radicales de la oposición de derecha. De hecho, no pudimos vericar ninguna rueda
de prensa, declaración ocial a los medios o documento público de gremios estudiantiles en
los cuales haya aparecido la exigencia de salida del poder contra Nicolás Maduro.
La Guarimba venezolana demostró tener un considerable apoyo externo. En lo mediático,
contó con declaraciones de respaldo de más de un centenar de artistas de los Estados
Unidos y Latinoamericanos, de un número similar de misses de belleza y de deportistas
del beisbol norteamericano (El Nacional, 2014), declaraciones que se sucedieron una tras
otra en un lapso de dos semanas, y que a todas luces obedecieron a una coordinación
nanciada desde algún centro de poder de la farándula de Miami. En lo político también
contó con declaraciones de respaldo casi inmediato de reconocidos dirigentes de gobiernos
continentales, desde el mismo secretario de estado gringo John Kerry hasta funcionarios y
líderes de países latinoamericanos y de España (Telesur, 2014).
Pero no sólo declaraciones de apoyo. Según lo declarado por algunos de los estudiantes
líderes de la protesta, antes de la Guarimba se realizaron en Colombia y México campamentos
juveniles de entrenamiento en combate callejero y otras técnicas de lucha semi-insurreccional.
En los hechos, la facilidad para desatar desde un primer momento formas de violencia
callejera (bombas molotov, morteros artesanales, uso de máscaras antigas, construcción de
barricadas, etc.) puede indicar que efectivamente los promotores de la Guarimba recibieron
entrenamiento previo para activar su desarrollo. Esta circunstancia determinó también que
los centros de decisión sobre el rumbo día a día de la protesta no estaban en el seno del
propio movimiento estudiantil, sino en partidos políticos opositores e incluso en centros
conspirativos fuera del territorio nacional.
La protesta estudiantil chilena, en contraste, sólo recibió del exterior muestras de
solidaridad de otros movimientos estudiantiles y populares latinoamericanos. Y sus centros