101
Entender el barrio, una aproximación desde las
Ciencias Sociales
Understanding the neighborhood, an approach from the Social
Sciences
CARLOS FERNANDEZ JOPIA
Universidad Nacional Autónoma de México , Distrito Federal, México (Carlos.fernandez.
jopia.1982@gmail.com. )(http://orcid.org/000-0003-0484-589)
RESUMEN
La poca claridad del concepto barrio elaborado por las ciencias
sociales, ha permitido que dicha denición sea conceptualizada
mayormente por la arquitectura o por determinados términos
jurídicos. Es decir, se teoriza desde lo que se puede observar,
pasando por alto las identidades que los barrios van formando.
Esta poca claridad conceptual trae consigo a demás que el barrio
sea considerado como la esencia de la realidad urbana y no como
un aspecto contingente, cayendo en la ideologización del mismo
y tratándolo como unidad base de la ciudad, condicionándolo al
desarrollo de la misma.
Sin embargo, el barrio opera con un tiempo y un espacio social
distinto al de la ciudad. Por tanto, debe de observarse desde
otra vereda y con otra intencionalidad. Desde esta concepción,
necesariamente hay que estudiar al barrio alejado de la ciudad.
Es decir, como unidad al margen de la constitución céntrica de
la misma, con el n de establecer la separación de una identidad
principal, y de diferentes identidades que circulan y se materializan
en el barrio.
El presente trabajo teórico parte desde la observación directa. Es
decir, se puso atención a un determinado territorio y en función
de eso se teorizó sobre el tema. Desde dicho escenario se planteó
la pregunta de investigación que ordenó la temática en cuestión.
Para el caso, ¿Ciudad y barrio tendrían la misma dinámica social al
punto de ser homologables? Con dicha respuesta se procedió a
conceptualizar la denición de barrio, y a través de dicho concepto,
se procedió a entenderlo desde la mirada de las ciencias sociales.
VOLUMEN VI/ NÚMERO 2/ AÑO 3/ ISSN 977245257580
PÁGINAS 101-110/ RECIBIDO: 12-12-2022/ APROBADO: 13-01-2023
DOI: https://doi.org/10.53645/revprop.v6i1.90
www.revpropulsion.cl
102
VOLUMEN VI/ NÚMERO 2/ AÑO 3/ ISSN 977245257580/ PÁGINAS 101-110/ RECIBIDO: 12-12-2022/ APROBADO: 13-01-2023/ www.revpropulsion.cl
Entender el barrio, una aproximación desde las Ciencias Sociales
Se concluye que mientras la ciudad se va desarrollando en función de
establecer una separación entre el centro y la periferia (los otros), los barrios
van desarrollando una identidad propia alejados del gran relato que la ciudad,
como administradora del espacio público, va moldeando al habítate
ABSTRACT
The lack of clarity of the neighborhood concept elaborated by the social sciences
has allowed this denition to be conceptualized mainly by architecture or by
certain legal terms. That is to say, it´s theorized from what can be observed,
ignoring the identities that the neighborhoods creates. Also, this lack of clarity
brings with it the fact that the neighborhood is considered as the essence of
urban reality and not as a contingent aspect, falling into the ideologization of
it and treating it as the base unit of the city, conditioning it to its development.
However, the neighborhood operates with a different time and social space than
the city. Therefore, it must be observed from another path and with another
intention. From this conception, it is necessary to study the neighborhood far
from the city. That is, as a unit outside it´s central constitution, in order to establish
the separation of a main identity, and of different identities that circulate and
materialize in the neighborhood.
PALABRAS CLAVES / KEYWORDS
Barrio, identidad. ciudad, espacio social, ciencias sociales / Neighbourhood,
identity, city, social space,social sciences
APARTADO METODOLOGICO
El presente trabajo se desarrolló bajo un método no experimental, es decir, se analizó el
contexto social en función de establecer una reexión teórica sobre el tema tratado. Para el
caso, se teorizó sobre la siguiente pregunta; ¿Ciudad y barrio tendrían la misma dinámica
social al punto de ser homologables?
Para lo anterior, se optó por una metodología cualitativa que consistió en un trabajo de
gabinete y en un trabajo de campo. Para el primero, se desarrolló la revisión de teorías sobre
los barrios o vecindarios, planes de gobiernos y políticas sociales, y análisis del programa
Quiero mi Barrio. En el segundo, se desarrolló la herramienta comparativa directa para
entender el punto de acercamiento o distanciamiento entre ciudad y barrio por parte de los
estamentos de gobierno o la ciencia social institucional.
Sobre el tema, se ensayó la siguiente respuesta:
103
VOLUMEN VI/ NÚMERO 2/ AÑO 3/ ISSN 977245257580/ PÁGINAS 101-110/ RECIBIDO: 12-12-2022/ APROBADO: 13-01-2023/ www.revpropulsion.cl
Revista ProPulsión. Interdisciplina en Ciencias Sociales y Humanidades
Los barrios se distancian de la ciudad tanto en identidad como en su dinámica propia.
Por tanto, cuando se teoriza desde la ciudad, se hace invisible a los “otros”. Esto deja entrever
que las ciencias sociales descansan en la arquitectura o en lo jurídico el entendimiento del
barrio, no aportando una denición más acabada sobre el tema.
DE LA CIUDAD AL BARRIO
La visión de ciudad, como unidad territorial entendida geográcamente y con
características homogéneas, de a poco se ha ido desintegrando. Anteriormente la ciudad
representaba un gran territorio donde resaltaba lo observable y lo homologable. Es decir, la
identidad que nacía desde la ciudad era la misma que estaba en el sub mundo de dicha
unidad territorial. Para el caso, una identidad general. Pero, ¿en la actualidad ocurre lo
mismo? Cuesta creer que la identidad general sea la misma en todos los rincones de esa
gran unidad territorial. Cuesta creer también que ese gran relato acabado sea además el
gran relato del conjunto de comunidades que habitan la ciudad.
La conformación de esta última estuvo enmarcada en otros paradigmas ajenos a la
identidad individual. Más bien se enmarcó en un gran relato civilizatorio. Bonavitta sostiene
que las ciudades se han ido construyendo de manera tal de delimitar un centro y una
periferia (Bonavitta, 2012, pág. 2). Por ende, también se delimita su ocupación política
y económica en dicho centro. Por tal razón, ¿tendrá la misma identidad el habitante del
centro y el habitante que vive y convive con la periferia? Montero y Salas sostienen que el
entendimiento del mundo depende de la posición que uno ocupe, valga la redundancia,
en el mundo (Montero y Salas, 1993, pág. 86). Por lo tanto, podemos desprender que vivir en
el centro, o vivir en la periferia, generarían otras percepciones sobre la ciudad distintas unas
de la otras. Para lo anterior, vivir en la marginalidad, entendido como vivir al margen de,
constituye un simbolismo de alejar del centro a ciertos habitantes y mandarlos a un sector
diseñado intencionalmente para ellos. Es decir, la periferia.
Para lo anterior, los marginados, ocupando la denición antes mencionada de los que
están en el margen, son desde la perspectiva de la ciudad “los otros”. Es decir, los que no
calzaron con el requerimiento para estar céntricamente ubicados y tuvieron que construir
otro espacio social donde convivir. Para el caso, los barrios. Vanina Papalina establece que la
alteridad en una sociedad que no se asuma pluricultural hace identicables como “otros” a los
grupos que evidencien alguna diferencia, señalada en relación con un patrón etnocéntrico
de “normalidad” (Papalina, 2007, pág. 7)
La ciudad entonces actúa y actuó como un mecanismo uniformador de identidad que
se sobrepuso por encima de los barrios. Es decir, moldeó el espacio social según el uso
predeterminado que quiso mostrar ante los “otros”. Por consiguiente, el espacio público
fue diseñado para homogenizar un comportamiento social determinado. Esto signica que
la cara visible de civilización y modernidad de una ciudad va a ser medida en el espacio
público según su uso y convivencia. No teniendo gran cabida la ocupación de dicho espacio
por la marginalidad. Al respecto, Foucault escribe:
104
VOLUMEN VI/ NÚMERO 2/ AÑO 3/ ISSN 977245257580/ PÁGINAS 101-110/ RECIBIDO: 12-12-2022/ APROBADO: 13-01-2023/ www.revpropulsion.cl
Entender el barrio, una aproximación desde las Ciencias Sociales
En una sociedad donde los elementos principales no son ya la comunidad y la vida
pública, sino los individuos privados de una parte, y el Estado de la otra, las relaciones
no pueden regularse sino en una forma exactamente inversa del espectáculo: "Al
tiempo moderno, a la inuencia siempre creciente del Estado, a su intervención
cada día más profunda en todos los detalles y todas las relaciones de la vida social,
le estaba reservado aumentar y perfeccionar sus garantías, utilizando y dirigiendo
hacia este gran n la construcción y la distribución de edicios destinados a vigilar
al mismo tiempo a una gran multitud de hombres (Foucault, 2004, págs. 219-220)
Con todo lo anterior, se hace difícil hablar de una identidad general. Más difícil se vuelve
pensar que esa identidad sea el denominador común en los distintos micro territorios.
La ciudad fue generando un gran discurso madre que poco o nada tenía que ver con la
marginalidad, sino más bien un discurso elaborado desde el centro. Por ende, mas invisible
hacía a los que, relegados por dicho discurso, abrazaban la periferia.
APROXIMACIONES AL CONCEPTO DE BARRIO
¿Qué vamos a entender por de barrio? Para responder esta pregunta generalmente se toma
el concepto jurídico del asunto, o una visión arquitectónica del tema. Es decir, como áreas
urbanas delimitadas, o como estamentos administrativos de un territorio. Sin embargo, el
tema es más profundo y su problematización conlleva debatir sobre lo observable enfrentado
a lo observado. Vale decir, superar el debate sobre un grupo humano conviviendo en un
determinado lugar geográco denido por otras estructuras, y debatir sobre lo observable.
Para el caso, sobre lo inmaterial, sobre las vivencias, la cultura, la identidad, etc. Pasar por alto
lo anterior, es decir, razonar solo desde lo observado, delimita el concepto a algo vago que
uniforma el comportamiento social y lo hace moldeable al gran relato.
Entonces, alejados de las deniciones jurídicas y arquitectónicas de barrio, ¿Cómo
establecemos su denición? La respuesta aún sigue siendo confusa. Sin embargo, sobre el
tema, se puede teorizar sin tener a cabalidad una denición académica acabada. Galster, al
respecto, establece lo siguiente:
(…) los cientícos urbanos han tratado el barrio como los jueces han venido tratando
a la pornografía: como un término difícil de denir, pero que todos saben lo que es
“eso” cuando lo ven. Sin embargo, incluso una somera revisión de las deniciones
de barrio que se encuentran en la literatura revela cruciales diferencias en lo que
es “eso” implícito. (Galster, 2001, pág. 2111)
Pese a lo ambiguo que es denir al barrio, el enfoque político descansa en lo observado
para establecer acciones sobre él. Desde dicho punto se toman medidas que rara vez
permean en territorio en su aspecto inmaterial. Sino más bien, trabajan lo concerniente a lo
visible. Pero ¿Qué hacemos con lo que, a simple vista, no se puede observar? Para el presente
trabajo la respuesta seria observarlo.
105
VOLUMEN VI/ NÚMERO 2/ AÑO 3/ ISSN 977245257580/ PÁGINAS 101-110/ RECIBIDO: 12-12-2022/ APROBADO: 13-01-2023/ www.revpropulsion.cl
Revista ProPulsión. Interdisciplina en Ciencias Sociales y Humanidades
La observación conna no tan solo lo básico que fundamenta la idea concebida del
territorio, sino también, la coexistencia de quienes dan acción y vida. Por consiguiente,
¿Quién observa lo inobservable? Para este caso en particular lo hace quien vive, convive e
interactúa en tiempo y espacio en el lugar.
Lo confuso de la denición de noción de barrio se puede entender porque el concepto se
desarrolla desde un prisma empírico. Es decir, desde lo visto y no desde lo invisible. Cayendo
así en una construcción de dicho concepto que se ha ido materializando hegemónicamente
en los discursos, no siendo cuestionado en gran medida por la ciencia social institucional,
sino más bien raticándolo en programas de intervención.
En este marco resulta por lo menos curioso que la noción de barrio, nodal para el
diseño e implementación de estas políticas, aparezca como una categoría de alguna
manera dada, asumida y por tanto encubierta en una especie de ambigüedad
(Tapia, 2015, pág. 126)
Por lo anterior, una denición que a nosotros nos permitiera denir el concepto de barrio
seria la siguiente; una ubicación social delimitada por fronteras imaginarias donde se convive
con identidades diferentes en un tiempo y en un espacio determinado.
Profundizando sobre los últimos conceptos, Bourdieu le daría otro alcance sobre lo
mismo y sobre la mirada pascaliana. Para el caso, al tiempo lo identicaremos como la
unidad temporal que establece una existencia social. Es decir, como una dimensión que se
construye a través de relaciones sociales. El espacio, por otra parte, lo identicaremos como
la materialización del quehacer social.
“(…) Es decir en tanto que habitus, con su historia, sus propiedades incorporadas,
un principio de “colectivización”(...) al tener propiedad (biológica) de estar abierto al
mundo y, por tanto expuesto al mundo, moldeado por las condiciones materiales
y culturales de existencia en las que está colocado desde el origen, se halla
sometido a un proceso de socialización cuyo fruto es la propia individuación, ya
que la singularidad del “yo” se forja en las relaciones sociales y por medio de ellas.
(…) Los agentes sociales, y también las cosas, en la medida en que los agentes se
apropian de ellas, y por tanto, las constituyen como propiedades, están situados
en un lugar en el espacio social, lugar distinto y distintivo que puede caracterizarse
por la posición relativa que ocupa en relación con otros lugares... y por la distancia
que lo separa de ellos” (Bourdieu, 1999, págs. 177-178)
Es decir, y recurriendo a lo que Bourdieu nos menciona, el espacio social de un barrio,
es el tiempo social de ese barrio materializado. A su vez, para Marc Augé el lugar, lugar
antropológico, no es sino la idea, parcialmente materializada, que se hacen aquellos que lo
habitan de su relación con el territorio, con sus semejantes y con los otros. (Augé, 1992, pág.
83)
106
VOLUMEN VI/ NÚMERO 2/ AÑO 3/ ISSN 977245257580/ PÁGINAS 101-110/ RECIBIDO: 12-12-2022/ APROBADO: 13-01-2023/ www.revpropulsion.cl
Entender el barrio, una aproximación desde las Ciencias Sociales
EL BARRIO COMO UNIDAD CONTENEDORA EN
DISPUTA
Disponer de un discurso general que homologa la identidad a una sola gran identidad
involucró disputar, en el terreno de lo simbólico, la batalla entre barrio y ciudad. Esta última
necesitó construir su “realidad social”, y para lo anterior, necesitó validarse como un ente
entero. El barrio debía ser solo una unidad contenedora de dicha construcción y ser parte de
una identidad dominante elaborada desde el centro. De esta misma manera, la construcción
social o realidad social que impuso la ciudad fue una fuerza asimétrica que doblegó los
matices particulares de los barrios y las sumó a un relato general. ¿Cómo se fue instalando
el discurso general? Para el caso cada sociedad, en determinados momentos de la historia,
se ordena y reordena en función de una serie de prácticas sociales que van moldeando los
aspectos más cotidianos del diario vivir. Ese ordenamiento se elabora desde un discurso
dominante que interioriza dichas prácticas a la comunidad para que la ciudadanía lo
incorpore a su vida cotidiana. Para el presente trabajo identicamos dos lineamientos
principales con lo cual se instala un discurso general. A saber, la estigmatización social, y el
espacio público.
El estigma de habitar la periferia aglomera una gran carga negativa de sus habitantes
y del territorio. Por tal razón, una falta de reconocimiento que lleva a las colectividades al
anonimato social. Nada que provenga fuera del centro puede tener protagonismo en la
construcción de una identidad principal. Vivir en la marginalidad representa el estado nal
de un proceso social que tenía como propósito alejar físicamente a ciertos grupos sociales
que no calzaban con un perl determinado, y que, por lo tanto, no debían ser parte de
una identidad general de la ciudad. Por otra parte, los cuerpos que se sobreponen en el
espacio común obedecen a ciertos imaginarios que se van construyendo en un sentido de
materialización o cristalización de dicho imaginario como norma conductual. Es decir, el
espacio público y el espacio común actúan como contenedor de dichos cuerpos y como
entes que moldean la conducta de las personas. Castells establece que la Ciudad no es una
expresión natural, sino que más bien el resultado de una forma de urbanización impuesta
mediante la estructura de procesos políticos, sociales y económicos. (Castells, 1988, pág. 25)
Es decir, el espacio público fue construido para moldear la conducta de las personas. Por
ende, mientras más alejado esté el espacio común del barrio, del espacio público construido,
mejor será la cara que la ciudad podrá mostrar el exterior. Para el caso, la vestimenta o la
forma de actuar de los habitantes en el espacio común del barrio no comulgan con la idea
de un espacio público organizado.
Se puede mencionar que la urbanización que la ciudad elaboró se va construyendo desde
lo estético. Es decir, busca moldear a las personas a través del espacio distanciándose del
barrio. En función de lo anterior, los barrios fueron quedando más al margen y segregados
desde la nueva planicación racional. Una desarticulación del barrio con la vida moderna.
(...) en la ciudad el barrio tiende a perder gran parte de la signicancia que poseía en
sociedades más simples o primitivas. La facilidad de los medios de comunicación
y transporte que permiten a los individuos distribuir sus intereses y vida en muchas
107
VOLUMEN VI/ NÚMERO 2/ AÑO 3/ ISSN 977245257580/ PÁGINAS 101-110/ RECIBIDO: 12-12-2022/ APROBADO: 13-01-2023/ www.revpropulsion.cl
Revista ProPulsión. Interdisciplina en Ciencias Sociales y Humanidades
partes al mismo tiempo tiende a destruir la permanencia e intimidad del barrio”
(Park, 1984, pág. 9)
Este tipo de accionar debilitó los vínculos afectivos y sociales del barrio, alterando el tiempo
barrial con el espacio barrial. Pues es la ciudad la que organiza y re-organiza la vida social
tanto individual como colectiva en función espacios económicos y distancias laborales. Para
el caso, el barrio como gura descrita con anterioridad, está con suras importantes debido a
la vida moderna y la intensicación del proceso de crecimiento urbano de las ciudades. Vale
decir, las suras desmarcadas no la vamos a observar como lo hace la Escuela de Chicago,
para el caso, ideologizando al barrio como la esencia de la realidad urbana y no como
un aspecto contingente (Tapia, 2015, pág. 121). Para lo anterior, dichas suras las vamos a
observar en el arraigo a un territorio, en la identidad colectiva, en la memoria social, etc.
Colocar al barrio como la esencia de la ciudad implica moldear a esta última en
escalones y unidades más pequeñas construidas articialmente para depender una de otra.
Lafebvre establece que tomar esta ideologización del barrio conlleva una mirada explicativa
dogmática por una bien establecida verdad cientíca (Lefebvre, 1975, pág. 198). Bajo esta
óptica, se subentiende que el sentido de comunidad iría del barrio a la ciudad, de la ciudad
a la Región y así escalando en la estructura política. En palabras de Lafebvre esta ideología
comunitaria se transforma en idealismo político, y un tipo ideal de vida social en utopía
democrática (Lefebvre, 1975)
Esta ideología barrial responde a elementos del sentido común y por tanto
no lograría separar los presupuestos de los hechos empíricos o cientícos, es
así como esta ideología identica al barrio como la esencia de la realidad urbana y
no como un aspecto contingente. La ideología barrial propone entonces organizar
toda la vida urbana bajo el modelo del barrio, entendiéndolo como el
ámbito natural de la vida y la unidad social a escala humana, “una especie de
módulo social o sociológico, vericable y raticable dentro de una exaltante unidad
de juicios cientícos y éticos, de conocimientos y de humanismo” (Tapia, 2015, pág.
129)
SIMBOLISMO DE LA VIDA DE BARRIO
Generalmente los barrios tienen y mantienen lugares –y no lugares- que establecen
prácticas sociales entre sus habitantes. Dichos lugares actúan como dispositivos que haces
posible el encuentro entre las personas que conviven en el lugar. Alejado del comportamiento
articial en el espacio público, es en el espacio del barrio donde el habitante de desenvuelve
con sentido de pertenencia. Pero no hablamos tan solo de una materialización física de
los cuerpos, sino que también de una materialización emocional. Las calles, las esquinas,
las canchas, etc. también son contenedores de recuerdos, de vivencias y de emociones. Es
decir, cada rincón del barrio posee un trasfondo de encuentro tanto en un aspecto físico
como en un aspecto de recuperación de las emociones.
108
VOLUMEN VI/ NÚMERO 2/ AÑO 3/ ISSN 977245257580/ PÁGINAS 101-110/ RECIBIDO: 12-12-2022/ APROBADO: 13-01-2023/ www.revpropulsion.cl
Entender el barrio, una aproximación desde las Ciencias Sociales
Por consiguiente, nos permitimos formularnos las siguientes preguntas. ¿Qué hay detrás
de la vida de barrio? ¿Qué hay al interior del barrio? ¿Qué se logra observar más allá de
lo retratable? Estas preguntas generalmente son opacadas por lo empírico, pues no
desmenuzan lo que hay más allá de la evidencia cuanticable. Pero, alejado de la mecánica
social institucional que describe el barrio, existe una realidad pasada por alto. El barrio
confronta una crisis resultante del choque de la vida cotidiana con la idea de progreso. Es
decir, el constante dilema entre en vivir arraigado al territorio y la huida forzosa por un futuro
mejor. Gravano establece lo siguiente:
En el futuro del ideal de vida, en el pasado deshistorizado y en las identidades
construidas en el contradecir histórico, siempre el barrio tiene el signicado de
oponerse a algo (a la ciudad en su conjunto, al centro, a otro u otros barrios) por
medio de la atribución/ negación o no de un conjunto de valores que conforman lo
barrial (Gravao, 2008)
Ese conjunto de valores lo da tanto lo material como lo inmaterial. El sentirse parte
del barrio establece un sentido de pertenencia frente a delimitadas fronteras, y frente a
determinados sucesos. Es decir, el apego marca un sentido de identidad.
Para lo anterior, vamos a identicar como la identidad dominante, el arraigo al territorio.
Esta se maniesta mediante la naturalización de las relaciones sociales cuando se hace
presente el “oponerse a algo”. Es decir, el arraigo tiene sentido de tiempo social y de espacio
social. Sin embargo, el arraigo, como otras formas de identidades sociales, no son atributos
estáticos. Por lo tanto, si bien el arraigo es una identidad dominante, en el barrio conuyen
otras identidades que cohesionan el tejido social y que a su vez también son antagónicas a
determinados sucesos.
William Douglass describe el espacio como ente donde se crea la identidad. Para el caso,
en su obra “Muerte en Murélaga”, el autor escribe lo siguiente:
“El nombre de la auzoa otorga al individuo su identidad social secundaria dentro
de la comunidad social más amplia en la que está inscrita la auzoa. Se cree que los
miembros de cada auzoa están caracterizados por distintos tipos de personalidad.
Así se dice que los miembros de una determinada auzoa son más astutos, los de
otra desconfían de los extranjeros y así las demás. En consecuencia, la identidad
social primaria del individuo procede del baserria donde reside mientras que la
identidad social secundaria depende del nombre de la auzoa” (Douglass, 1973,
págs. 167-168)
Por ende, el arraigo proporciona a los habitantes del barrio una historia común. Un
alma que le da sentido de pertenencia al territorio y desde el cual se dene a mismo en
función de otras identidades circulantes. El arraigo es el envolvente social que ayuda a la
cohesión del territorio como gura constitutiva de apego. Por tanto, el sentido de identidad
complementado con el sentido de pertenencia, es tanto o más grande cuanta mayor relación
exista entre el individuo y el lugar.
109
VOLUMEN VI/ NÚMERO 2/ AÑO 3/ ISSN 977245257580/ PÁGINAS 101-110/ RECIBIDO: 12-12-2022/ APROBADO: 13-01-2023/ www.revpropulsion.cl
Revista ProPulsión. Interdisciplina en Ciencias Sociales y Humanidades
Pero, volviendo las preguntas. Un barrio es una unidad contenedora de recuerdos y
vivencias donde existen prácticas comunes distanciándose de la ciudad. Por tanto, tiene
una dinámica social distinata y su comportamiento entrelaza otra realidad. El barrio es
ante todo, una sumatoria de personalidades que se agrupan informal y coyunturalmente
donde se establecen vínculos sociales. Es decir, canalizan formas de relacionarse que no
son visibles pero que construyen una determinada dinámica. Por ende, detrás de la vida de
barrio hay bras que van tejiendo lo social-espacial. Al interior de un barrio encontramos
dinámicas sociales invisibles pero que se materializan en el espacio barrial. Y por último, en
lo que concierne a lo observado, se puede apreciar el cruce de identidades que cimentan
el territorio.
CONCLUSIONES
Las planicaciones y reexiones en torno al barrio carecen de profundidad teórica. Esto
porque la metodología que se usó –usa- para describir al vecindario se enfocó en tomar la
fotografía del momento y trabajar sobre lo visible. Es decir, sobre lo medible. Sin embargo,
el barrio se estableció como una identidad antagónica al gran relato y se fue edicando en
función de su propia realidad social, materializando no solo lo físico en el espacio barrial,
sino que también las emociones. De esta forma, siempre existió una lucha constante
entre la identidad ordenada e higienizada de la ciudad, y la identidad del barrio desde la
marginalidad.
Las ciudades se fueron construyendo en función de características homogéneas. Es decir,
estableciendo un centro y una periferia. Desde esta óptica se puede establecer una doble
mirada sobre el territorio. Para el caso, lo central y lo marginal. Dicho diseño estableció que
lo central observara al resto como los “otros”. Por ende, se podría teorizar sobre el concepto
de barrio alejándose de la ciudad, estableciendo el margen como punto de partida.
La ciudad actuó como un ente homologador de identidad ocupando el espacio público
para uniformar al habitante. Desde esta visión se podía establecer una sola identidad general
para todo el territorio. Sin embargo, distanciándose en el tiempo, ya no se puede observar a
la ciudad como una sola gran identidad general, sino más bien hay que observar sus barrios
y desde ahí establecer las identidades.
La ciencia social institucional, para establecer programas sociales, observó al barrio como
una unidad estanco de la ciudad, estableciendo los lineamientos de la escuela de Chicago
sobre la concepción del barrio, ideologizando al lugar. Vale decir, lo observó cómo unidad que
al ser trasformado también transformaría la ciudad, y a su vez esta transformaría a la región,
y así sucesivamente. Para el caso, y como gura ideológica, la ciencia social institucional
pasaría por alto la dinámica social de los distintos territorios, así como sus cargas identitarias.
Pese a todo lo anterior, el termino barrio se vuelve difícil de denir. Para el caso y dependiendo
del observador, su denición conceptual tomará o, una dimensión arquitectónica-jurídica,
o, una dimensión más apegado a las ciencias sociales no institucionales. Para el presente
trabajo, la denición que teorizamos es que un barrio es una ubicación social delimitada
por fronteras imaginarias donde se convive con identidades diferentes en un tiempo y en
110
VOLUMEN VI/ NÚMERO 2/ AÑO 3/ ISSN 977245257580/ PÁGINAS 101-110/ RECIBIDO: 12-12-2022/ APROBADO: 13-01-2023/ www.revpropulsion.cl
Entender el barrio, una aproximación desde las Ciencias Sociales
un espacio determinado. Con esta denición se puede entender al barrio más allá de una
simple unidad geográca y su alcance al estudiarlo permite acomodar de mejor forma el
lente del observador.
Vamos a entender entonces que en el barrio actúan al unísono distintas identidades que
se van materializando en el espacio social alejado de una gran identidad general de la ciudad.
De esta forma vemos que el arraigo al territorio actúa como una identidad dominante que
a su vez se entreteje con otras identidades para provocar un dinamismo social en el sector.
Por último, el presente trabajo busca abrir una ventana para que la reexión en torno al
barrio se profundice teóricamente. Esto con el n de llegar a un análisis más acabado del
asunto. Puesto que, avanzando en los conceptos de identidad y reconocimiento, se sigue
teorizando y trabajando desde lo que la ciudad decide mostrar. Para el caso, desde lo central
y no desde la periferia. Por ende, todo lo que esté al margen de dicha centralidad queda
relegado al gran relato civilizador que la ciudad describe.
REFERENCIAS
Augé, M. (1992). Los no lugares. Espacios del anonimato. Barcelona: Gesida.
Arturo O, José Antonio M. y Martín M.(2016) Plan de desarrollo comunal: ¿El instrumento rector
de la gestión municipal en Chile? Revista INVI vol.31 no.87 Santiago ago. 2016
Bonavitta, P. (2012). Las ciudades de los excluidos en una Latinoamérica posmoderna. KAIROS.
Bourdieu, P. (1999). Meditaciones pascalianas. Barcelona: Anagrama S.A.
Castells, M. (1988). Problemas de investigacion en Sociologia Urbana. Mexico: siglo XXI.
Campo Tejedor, Alberto (2002). Investigar y deconstruir el estigma en barrios marginales. Un
estudio de caso. BIBLID [1137-439X (2003), 24; 803-817]
Douglass, W. (1973). Muerte en murélaga. Barcelona: Barral.
Foucault, M. (2004). Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión. Mexico: Siglo XXI.
Galster, G. (2001). Sobre la naturaleza del vecindario . SAGE Estudios Urbanos , 2111-2124.
Gravao, A. (2008). Imaginarios barriales y gestion social. IX congreso de antropologia social ,
(págs. 1-12). posada, misiones.
Hernandez de Padrón, María Inés (2006). La pobreza urbana, organizaciones de barrio y las
redes de solidaridad locales Fermentum. Revista Venezolana de Sociología y Antropología,
vol. 16, núm. 45
Lefebvre, H. (1975). De lo rural a lo Urbano. Barcelona: Peninsula.
Montero y Salas. (1993). Imagen, representación e ideología. El mundo visto desde la periferia.
. Revista Latinoamericana de Psicología 25, 85-103.
Papalina, V. (2007). La ciudad latinoamericana como espacio multicultural: posibilidades para
. Revista Miradas de la UN de C.
Park, R. (1984). The City. Suggestions for Inves-tigation of Human Behavior in the Urban
Enviroment. chicago: The University of Chicago Press.
Programa Quiero mi Barrio https://quieromibarrio.cl/index.php/publicaciones/libros-
publicados/
Tapia, V. (2015). ¿de que hablamos cuando hablamos de barrio? trayectoria del concepto de
barrio y apuntes para su problematizacion. revista antropologias del sur N°3, 121-135.